Si un día te encuentras paseando por Barcelona, no te olvides de mirar hacia abajo de vez en cuando: podrías estar pisando una maravilla.

La Ciudad de los Prodigios es el nombre que el escritor Eduardo Mendoza le dio a la ciudad más cool del Mediterráneo en uno de sus libros. La novela se ambienta en el siglo XX, un periodo en el cual Barcelona levantó el vuelo y se convirtió en lo que es hoy. Un tiempo en el cual las chimeneas crecían junto con las torres de la Sagrada Familia. Esa época tumultuosa dejó su rastro en el suelo de la ciudad, que es uno de sus prodigios. Los pavimentos de iglesias, palacios y avenidas forman un mosaico asombroso. “Estos suelos son adictivos”, dice José Jóvena, creador junto con Elisabet Martínez, de Tile Addiction. Entre los dos, han subido a Instagram centenares de imágenes de los pavimentos de Barcelona. Recientemente, han descubierto que un fotógrafo alemán, Sebastian Erras, comprarte sus pasión por los suelos. Erras había llevado a cabo los proyectos Parisian floors y Venetian floors. José y Eli pensaron que le encantarían los pavimentos de Barcelona y le invitaron a verlos.
Casa Lleo Morera
Casa Lleo Morera
Casa Amatller
Casa Amatller
Casa Batlló
Casa Batlló
Casa Amatller
Casa Amatller
Casa Amatller
Casa Amatller
Casa Lleo Morera
Casa Lleo Morera

La manzana de la discordia: Hito arquitectónico

José y Eli me aconsejaron empezar mi paseo en la Manzana de la Discordia. El nombre viene de la rivalidad entre los tres mejores arquitectos de la Barcelona de principio del siglo XX, cada uno de los cuales diseñó un edificio en la misma manzana. Me quedé boquiabierto ante la Casa Batlló, de Gaudí. Sus balcones parecen máscaras venecianas, sus muros una lluvia de confeti, y su cubierta un gigante sombrero de Arlequín. “De hecho, se cree que los balcones y las columnas representan las calaveras y huesos de los humanos devorados por un dragón – tejado – que a su vez es asesinado por la espada de San Jorge – la chimenea-”, me dijo Alma Andreu, responsable de comunicación de la Casa Batlló. Al entrar en las casas, vi los dos tipos de suelo que competían por el favor de los clientes en esos años. Unas baldosas hidráulicas diseñadas por Lluís Domènech i Montaner forman una maravillosa alfombra de cemento en la Casa Lleó Morera. Por otro lado, la Casa Amatller exhibe el mosaico Nolla, una combinación de cuadrados y triángulos de gres, encajados para formar patrones de mil colores.
Casa Thomas
Casa Thomas
Casa Thomas
Casa Thomas
Recinto Modernista de Sant Pau
Recinto Modernista de Sant Pau
Casa Thomas
Casa Thomas
La Pedrera
La Pedrera
Recinto Modernista de Sant Pau
Recinto Modernista de Sant Pau

El cuerno de la abundancia modernista: Mansiones

Paseando por Barcelona, me topé con decenas de casas al estilo modernista, la versión local del Art Nouveau. A partir del siglo XIX, a medida que Barcelona vivía su revolución industrial, la población de la ciudad creció rápidamente. En 1861, se decidió multiplicar sus dimensiones, construyendo un barrio totalmente nuevo, llamado Ensanche (ampliación). Es la zona cuadriculada que se ve en los mapas de la ciudad. Durante ese boom inmobiliario, los propietarios de fábricas querían pisos que se parecieran a palacios y por esto contrataban a los arquitectos modernistas locales. De pronto, sucedió un cambio curioso en los pavimentos. Hasta entonces, los suelos eran sencillos, como mucho decorados con baldosas de cerámica blanca y azul, al viejo estilo catalán, como las que vi en el Hospital de Sant Pau. La mayor parte del suelo estaba cubierto por alfombras. Luego, el diseño de las alfombras se transfirió directamente a los pavimentos. Los suelos modernistas, como los de Josep Pascó en la Casa Thomas, parecen auténticas alfombras, con sus patrones repetidos, sus marcos y sus bordes.
La Sagrada Familia
La Sagrada Familia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia
La Sagrada Familia
La Sagrada Familia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia
Parroquia de Sant Pacia

Iglesias y rebelión: Edificios religiosos

Algunos de los pavimentos más bonitos que encontré en Barcelona están en iglesias. Entre ellas, las espléndida Sagrada Familia, obviamente. Allí vi el famoso trencadís, un tipo de mosaico del cual Gaudí fue un maestro, y que se realiza encajando trozos rotos de cerámica, baldosas e incluso platos. Si ves un trencadís, puedes estar seguro que estás delante de una pieza modernista. Pero, a pesar de la belleza del arte modernista, esos tiempos no fueron un camino de rosas. “El esplendor modernista refleja el auge de una burguesía puesta ante un terrible conflicto social, que estalló con violencia durante el verano de 1909, en la llamada Semana Trágica”, me explicó Josep Bracons, el director de las colecciones del Museo de Historia de Barcelona (MUHBA). Una iglesia con un suelo especialmente bonito, la Parroquia de Sant Pacià, fue quemada, saqueada y usada como almacén hasta el 1924.
Palau Casades
Palau Casades
Saló de Cent, Ayuntamiento de Barcelona
Saló de Cent, Ayuntamiento de Barcelona
Círculo del Liceo
Círculo del Liceo
Círculo del Liceo
Círculo del Liceo
Saló de Sant Jordi, Palau de la Generalitat
Saló de Sant Jordi, Palau de la Generalitat
Palau de la Música
Palau de la Música

El reino de la baldosa hidráulica: Palacios

Al visitar un palacio tras otro, me di cuenta que la batalla entre el mosaico Nolla y la baldosa hidráulica la ganó rápidamente la segunda. El mosaico Nolla (cuyo nombre viene de su creador) es laborioso de instalar. Las baldosas hidráulicas en cambio son mucho más prácticas: representan perfectamente el ideal modernista de la fusión entre “arte e industria”. En primer lugar, son fáciles de hacer. Como están hechas de cemento Portland (una nueva tecnología en esos tiempos), es suficiente con dejarlas secar, sin necesidad de cocerlas. En segundo lugar, se pueden decorar ricamente, con los típicos cisnes, flores y lagartos modernistas que vi en el suelo del Círculo del Liceu. Los dibujos se transfieren a la baldosa húmeda por medio de un molde metálico rellenado con pigmentos. En tercer lugar, son fáciles de instalar por sus formas regulares. Se llaman hidráulicas o bien por el uso del agua en el cemento, o bien porque originalmente se compactaban por medio de prensas hidráulicas.
Farmacia Ferrer Argelaguet
Farmacia Ferrer Argelaguet
Papelería Villena
Papelería Villena
Casa Calico
Casa Calico
Germanes García
Germanes García
Farmacia Velasco
Farmacia Velasco
Zelinda Milano
Zelinda Milano

Comprar con estilo: Tiendas

El auge de la baldosa hidráulica transformó los suelos de Barcelona en una lujosa alfombra. Me puse a curiosear en viejas tiendas y encontré suelos decorados maravillosamente: formas geométricas, motivos vegetales, o siluetas orgánicas estilizadas. Las formas de animales o humanos son más raras, para evitar la desagradable sensación de pisarlas. Los colores más típicos son granate, verde, rosa, amarillo, marrón, crema, gris, blanco y negro. Pero vi también algún ejemplo de rojo, azul, naranja e incluso púrpura. La forma más común es el clásico cuadrado 20x20cm, pero hay de todo: hexágonos, triángulos, rombos, y sus combinaciones. Muchos suelos tenían patrones de baldosas idénticas. Pero a mi me gustaron especialmente aquellos en los cuales el dibujo emergía de la combinación de diversas baldosas: por ejemplo, cuatro baldosas cuadradas combinadas que dibujan un patrón más grande.
Granja M. Viader
Granja M. Viader
Café Tenorio
Café Tenorio
Entrepanes Díaz
Entrepanes Díaz
Marítim Restaurant
Marítim Restaurant
Toto Restaurante
Toto Restaurante
Restaurante Cátedra
Restaurante Cátedra

Baldosas para foodies: Restaurantes

Como buen foodie, sé muy bien que la comida es mucho más que lo que comes. Es también lo que ves alrededor del plato. Por ejemplo, el suelo debajo de tu mesa: un pavimento espléndido, probablemente, si estás comiendo en Barcelona. Por esta razón, José y Eli de Tile Addiction han lanzado un proyecto paralelo, Foodie’s tiles, en el cual combinan comida de diseño con suelos chulos. Quizá fue esta combinación lo que atrajo al joven Pablo Picasso a la fantástica Granja Viader. Aquí puedes tomarte las mejores tazas de chocolate de la ciudad, con vistas a un suelo bellísimo. “La hija de Picasso dijo a la revista Glamour que su padre la trajo a tomarse un chocolate aquí”, me dijo Mercè Casademunt Viader, propietaria de la granja. “Le contó sus recuerdos juveniles, cuando con su cuadrilla de amigos quedaban en nuestro local para merendar y hacer tertulia”, explicó.
Generator Hostel
Generator Hostel
Alexandra Hotel
Alexandra Hotel
Generator Hostel
Generator Hostel
Praktik Hotel
Praktik Hotel
Axel Hotel
Axel Hotel
Praktik Hotel
Praktik Hotel

Suelos nuevos y antiguos: Hoteles

Los suelos arquetípicos de Barcelona ya no se producen a gran escala. El trencadís no se ha usado mucho más allá del modernismo. El último catálogo de mosaicos Nolla es de 1920. Y la baldosa hidráulica no sobrevivió al boom inmobiliario de los ’60, cuando fue suplantada por opciones más baratas. Sin embargo, estas técnicas tienen una segunda juventud en espacios especiales, como los hoteles. Los que visité eran un gran catálogos de estilos. A veces los hoteleros restauran los suelos originales. Otras veces, ordenan baldosas hidráulicas nuevas con dibujos modernos. Finalmente, hay todo un negocio de reciclaje de viejas baldosas, que vienen de pisos reformados o edificios derribados. En el Generator Hostel, por ejemplo, paseé encima de un espléndido patchwork de baldosas, todas distintas. Sus colores contrastantes y sus patrones entremezclados me hicieron pensar en cuantas historias debían haber pasado en las casas de donde venían, y ahora estaban todas juntas en un único lugar.
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc
Paseo de Gracia
Paseo de Gracia
Vía Layetana
Vía Layetana
Avenida Diagonal
Avenida Diagonal
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc
Jardines del Mirador del Alcade, Montjuïc

Toda la ciudad es un salón: Calles

Caminar por Paseo de Gràcia, la avenida más espléndida de Barcelona, es como hundir los pies en un acuario lleno de extrañas criaturas: caracolas, estrellas marinas, medusas, y quizá hasta demonios. Estas son las imágenes que se forman en la junturas de las baldosas hexagonales que cubren el paseo. Estas baldosas, llamadas panots – una variante más sencilla de las hidráulicas – fueron diseñadas por el mismo Gaudí. “Puedes ver la cara de un demonio en los patrones del suelo: según una leyenda, Gaudí la escondió entre los elementos marinos para expresar su supuesta fe masónica”, me dijo el periodista Josep Maria Carandell. Lo que no es una leyenda es que el panot de Gaudí fue uno de los primeros productos de diseño industrial que revolucionaron los modelos tradicionales. Por esto está expuesto en el MOMA de Nueva York. Carandell me explicó otra anécdota reveladora. Los panots no se diseñaron para la calle. Gaudí quería usarlos en la Casa Batlló, pero no fue así por retrasos en la entrega. En 1971, se escogió ese diseño para cubrir las aceras del paseo: la pasión de Barcelona por los suelos esplendidos es tal que incluso sus calles están pavimentadas como un salón.
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