Rótulos, más que como firma o representación, como orgullosa declaración de liderazgo o, al menos, de talento; emblemas del ingenio, el garbo y la elegancia con los que, un día, se trabajaba en Milán. Un breve tour nostálgico por algunos establecimientos emblemáticos y de renombre. Exponentes «ante litteram» del «made in Italy».
OTTICA ARNALDO CHIERICHETTI

Bajo la óptica empresarial

Arnaldo Chierichetti abrió su tienda de óptica y fotografía en 1914. A pesar de haberse trasladado varias veces (en la última ocasión a causa de un bombardeo), sigue ubicado en el cruce histórico entre Corso di Porta Romana y Corso di P.ta Vigentina. El rótulo actual data de 1945. En la larga obra llevada a cabo primero por Arnaldo y después por su hija, Elda, la renovación y la tradición siempre han ido de la mano. Esta tienda lleva 90 años estableciendo vínculos con la ciudad y desarrollando una función importante de promoción cultural de la actividad de la empresa. La exposición de cámaras fotográficas y el bonito escaparate antiguo con binoculares de teatro, gafas e instrumentos ópticos antiquísimos que se pueden admirar en la tienda, no pueden sino hablar del gusto, la dedicación y la pasión de Arnaldo y Elda por algunos aspectos de su trabajo. Del resto se encarga un precioso libro que nos muestra con especial orgullo D. Cristian Scotti, actual gerente y miembro del consejo de administración.


GIOVANNI GALLI

El sabor del boca a boca

La pastelería y chocolatería Giovanni Galli, de 1911, está especializada en la producción artesanal de marron glacé, bombones con cereza y licor, praliné de chocolate y pasta de almendra. Hacer los marron glacé, que tanto gustan a los milaneses, es todo un arte con reglas férreas: diez días de cocción en almíbar. Después, una capa fina de glaseado (que no ha de restarle sabor a la castaña) y, por último, una pasadita por el horno. «Actualmente seguimos con las mismas recetas de mi bisabuelo», cuenta Federico Galli, titular de cuarta generación. «Nuestros productos se elaboran a mano, con materias primas de calidad y sin ningún tipo de conservante. Dañarlos sería un riesgo imperdonable». Y añade: «La facultad de economía en la que estudié no refleja una realidad como la nuestra. Nosotros somos auténticos artesanos milaneses. Crecer podría suponer perder la identidad de nuestra marca y de la tienda». Está decidido, Federico, que frente al estruendo de la publicidad sigue prefiriendo el murmullo del boca a boca. Más fiable y duradero.


GIN ROSA

El tiempo (y el templo) del aperitivo

Según algunos, este local comenzó siendo la «Bottiglieria del Leone» hacia 1860 y pasó a llamarse posteriormente «Caffè Canetta» por su siguiente propietario, que también bautizó con ese nombre al primer aperitivo de la casa, el Costumé Canetta. A principios del siglo XX, Luigi Donini (creador del aperitivo Mistura Donini) revolucionó la fisonomía del local, incorporando una máquina de café y un moderno mostrador. La familia Marangione lo compró en 1931 y volvió a bautizar al antiguo «Mistura Donini» como Gin Rosa, que también será el nombre definitivo del local y de su rótulo. El legendario Gin Rosa, con fórmula secreta registrada en exclusiva a nivel mundial, se bebe solo y también como base de innumerables cócteles. Pero, sobre todo, se bebe exclusivamente aquí, como bien saben todos los ilustres milaneses que han honrado a este bar con su visita. Desde 1999, Gin Rosa se encuentra en manos de los señores De Luca, que saben rendir culto a la tradición de un lugar que forma parte de la historia de la ciudad.


MITAROTONDA

Al son de la pasión

Mitarotonda, que tiene su propio rótulo desde 1987, ha continuado la tradición histórica del legendario Gallini, inaugurado en 1888. «Gallini era el templo de la música. Entraba en él de puntillas», nos cuenta Paola Mitarotonda, actual propietaria y primera mujer que entró en la Asociación de Afinadores Italianos de Pianos. «Coger el relevo ha sido un sueño y un honor... además de una locura irresistible». En 2009, cuando el alquiler se volvió prohibitivo, Paola se trasladó al final de la calle, modificó el tamaño del rótulo y mantuvo el ambiente y el mobiliario original. En la tienda hay 600 cajones de nogal para las partituras, que suman unos 28.000 títulos. Se venden, alquilan y afinan pianos, guitarras, violines y violonchelos. Se encuentran accesorios de todo tipo (metrónomos, atriles, papel pautado, álbumes...) y se busca consejo. «Adoro mis pianos y admiro a los músicos. La música es un esfuerzo y una suerte». Y el «tempo» de Paola es un «allegro moderato».


HELADERÍA SARTORI

Pocos, pero buenos

La historia de Andrea Sartori, fundador de la heladería, parece como el cliché del italiano voluntarioso y soñador. Pero es real. Recién llegado a Milán desde Treviso, Andrea comenzó trabajando en una heladería. Este campo le apasionó y decidió estudiarlo. Y en 1937 compró un carrito con dos ruedas para empezar a vender su helado. Del carrito pasó a un quiosco, que desde 1947 se encuentra en su ubicación actual. La clientela de Andrea y su mujer, Stella, fue aumentando y, en los años del boom, también su hijo Giorgio entró en el negocio, que actualmente se encuentra en manos del nieto, Anthony. El rótulo ha experimentado las modificaciones justas y necesarias. Los helados, por su parte, ninguna: artesanales y cremosos por tradición. «Damos de comer a nuestros clientes lo mismo que daremos a nuestros hijos», matiza Anthony. «Conocemos y elegimos todos los ingredientes de nuestros helados. Las modas y los jarabes no nos interesan». Los mejores (pocos) sabores clásicos, granizados para quitar el hipo y nada de helado pitufo. ¡Oh, Sartori!


MUTINELLI

Con la cabeza bien alta

El rótulo modernista de 1888 nos introduce en la sombrerería más antigua de Milán. Esta tienda, abierta en el mismo local y dirigida siempre por la misma familia, conserva el suelo y el mobiliario antiguo. Pero, sobre todo, expone montones de sombreros de cualquier forma y material: cofias, gorras (incluida la «coppola»), boinas y sombreros de copa. De fieltro, tela, cuero, piel o paja. «Padezco el síndrome del acorralamiento», explica el propietario señalando hacia la calle de la moda. «A veces, los extranjeros creen que están entrando en un museo y me preguntan si los sombreros están a la venta». D. Mateo es todo un apasionado, aunque también es realista. «Las tiendas familiares están destinadas a desaparecer. Los hijos pueden elegir trabajos distintos a los de sus padres. ¿Y quién se puede permitir ahora formar a nadie?» Añade también: «Aunque el sombrero italiano sea el mejor del mundo, los pequeños talleres artesanales que lo producen no pueden competir con los costes y las lógicas industriales». Los negocios son los negocios, sí. Pero usted resista, Matteo. Con la cabeza bien alta.


FARMACIA FOGLIA

Especiales 2.0

La tercera farmacia más antigua de Milán la fundó en 1835 la familia Foglia donde antes había una «tienda farmacéutica con anexo para la elaboración de los productos». También es testimonio de ello la fachada del elegante edificio del siglo XVII en que se encuentra ubicada, que conserva unos bajorrelieves de mármol con las imágenes de químicos y científicos ilustres. El texto dorado del exterior es una aportación de la dirección actual. Hace 8 años que la farmacia continúa su actividad gracias a su director, el Dr. Paolo Vigo, y sus socios. «Nuestro laboratorio galénico funciona a pleno rendimiento. Preparamos productos a base de hierbas, fármacos personalizados y nuestra propia línea dermocosmética vegana, no probada en animales», explica el doctor. «La tradición de la farmacopea galénica, en nuestro caso, se ha unido a la investigación más avanzada y a las nuevas peticiones de los clientes. Ofrecemos fármacos, naturalmente, aunque, sobre todo, atención y consejos, porque hoy en día el farmacéutico realiza de hecho la labor del antiguo médico de cabecera». ¡Así es, doctor!


PASTELERÍA GRECCHI LUIGI

El aroma de lo artesanal

Paseando por Via Piero della Francesca, en la zona de Sempione, uno se puede sentir transportado literalmente por el perfume más delicioso de la tierra: esa mezcla característica de masa y cremas de todo tipo de las pastelerías artesanales. La de Luigi Grecchi, cuyo rótulo transmite gracia y confianza, abrió en 1959. Se trata de un negocio familiar que hoy dirige su hijo Antonio con la dedicación del verdadero pastelero nato. «En materia de originalidad y calidad, no acepto ningún tipo de compromiso», nos dice. «Para nosotros, se trata de una cuestión de honor, que, además, siempre nos ha recompensado, incluso en épocas de crisis». Antonio debe sentirse orgulloso de lo que hace, de trabajar todos los días entre 12 y 15 horas y mimar a una clientela cada vez más exigente. «Ver una sonrisa es un placer», nos dice Antonio, «sobre todo en Navidad, cuando le echamos imaginación a los envases personalizados, los chocolates y la pastelería: panetones, el dulce navideño milanés conocido como “veneziana”…». Y no le dejamos seguir porque se nos está haciendo la boca agua.


COMORETTO

Lámparas y resistencias

D.ª Ada Comoretto (de 88 años) es la actual propietaria de la tienda de material eléctrico que su padre abrió en 1943. Pero lo que la convierte en una verdadera «superviviente» es el hecho de encontrarse en Corso Como. Para quien no lo sepa, se trata del nuevo centro de la movida milanesa. Rodeada de boutiques deslumbrantes y locales de moda, el rótulo de Comoretto tecnoeléctrica (que se sustituyó por otro exacto, sólo por estar cayéndose ya a pedazos) puede producir hasta ternura. Y, a pesar de que han intentado comprarle la tienda para poner allí el enésimo bar, Ada continúa vendiendo lámparas de luz cálida y recambios que ya no se encuentran en ningún otro lugar. Además, sigue sin aceptar tarjetas de crédito. «Corso Como ha perdido las características que tenía el barrio», nos cuenta, «ya no ves las relaciones de buena vecindad que había antes, porque los dependientes van y vienen. La tienda no es suya. Pero ésta es mi criatura». Ada se siente orgullosa, sobre todo, de los clientes que pasan a verla… para charlar un rato con ella.


PETTINAROLI

El orgullo de la tradición

El rótulo actual de Pettinatoli es de finales de los años 50. Pero dentro de la tienda todavía están los rótulos originales, que datan de 1881. La actividad comenzó como papelería, con un taller anexo de tipografía y encuadernación. En todos estos años, se han imprimido tarjetas de visita, invitaciones para la celebración de bodas, nacimientos y comuniones, utilizando tipos de papel y productos muy preciados para los eventos más importantes de los milaneses. A D. Francesco, que se llama como el bisabuelo fundador, le gusta la palabra «papelería», aunque ya comercie poco con ella: cuadernos elegantes de cuero (que, aunque parezca mentira, vende muchísimo) y algún objeto original para regalo, todo ello procedente de talleres tradicionales artesanales de Milán. D. Francesco adora los productos impresos antiguos, sobre todo, de contenido geográfico. «Hay todo un mundo de aficionados, cartógrafos y coleccionistas que vienen por aquí». Nos cuenta sonriendo: «Especializarse protege de la crisis». Aunque también le tiene que haber ayudado su tradición tipográfica milanesa.


RELOJERÍA Y ORFEBRERÍA PICCOLO

Oficios antiguos y preciados

La joyería Piccolo abrió en 1918 (dato que consta en su propio rótulo) en el interior de un edificio histórico del centro de la ciudad. El Sr. Tommasi, a quien pertenecía, se la ofreció en 1986 a un joven y apasionado relojero. Ivano Piccolo aceptó y, desde entonces, se sigue alegrando de ello. Le complace decir que su local es como un auténtico museo de joyas antiguas, preciosas, aunque también hechas con materiales «alterativos» que busca persistentemente. En la tienda hay algunas herramientas valiosas de los años 40: un torno manual, una balanza, una cajonera con piezas de relojería... ¡Porque el Sr. Piccolo no sólo vende relojes supergarantizados, sino que también los repara! Ya es el único que lo hace, en su tienda, y nos cuenta: «Llevo en esto 30 años y todavía me divierte. Tanto que los reparo todos, siempre y cuando sean valiosos para quienes los llevan». En una época en la que reina lo digital, una profesión antigua, manual y que requiere tanta maestría como ésta, tiene un encanto casi hipnótico.


DITTA GUENZATI

Como las lágrimas en la lluvia

«En otoño, nuestra tienda y otras serán desalojadas del Palazzo delle Assicurazioni Generali para hacer hueco a las conocidas marcas de moda de siempre. Estamos intentando convencer a los dueños, apelando a las asociaciones profesionales, al Ayuntamiento, al Gobierno Regional y los periódicos para que no se pierda una parte de la memoria ciudadana». Habríamos preferido no escuchar estas palabras de Luigi Ragno, hijo de quien dio un vuelco decisivo a esta tienda cuando, además de los tejidos, decidió añadir las prendas de vestir y los accesorios de origen anglosajón que les han hecho famosos en todo el mundo. Teníamos que escribir sobre la empresa más antigua de Milán, fundada en 1768, con 250 años de actividad, dos tiendas, 3 familias en su historia y un cambio de rótulo: en 1960, cuando, tras haberse trasladado al Palazzo delle Assicurazioni Generali, hubo que cambiar el rótulo histórico para que fuera igual a los del entorno. Habríamos querido contar la historia de una tradición mantenida de estilo, búsqueda y pasión. Pero todo esto podría disolverse en septiembre. Como las lágrimas en la lluvia.


CAMISERÍA CORDUSIO

Honor a lo clásico

El rótulo de la Camisería Cordusio es el mismo desde 1943. Nada de mayúsculas, nada de tonos elevados, sino, más bien, suaves. Con un desprecio aristocrático por la publicidad, la Camisería no dispone de sitio Web, ignora las redes sociales y no confía en las reseñas. La única forma de comunicación que acepta su dueño, D. Massimo Canziani (hijo del fundador), es el boca a boca. Y funciona genial desde hace 73 años. Luca, un empleado, nos cuenta que el trabajo está directamente relacionado con ese boca a boca, porque se basa en el consejo, la confianza y la relación que se ha ido estableciendo con el tiempo con la clientela. Y un cliente satisfecho te mandará a otro. La camisería ha atendido a muchas figuras del periodismo milanés. ¿A qué otro lugar podría haber ido (por ejemplo) Indro Montanelli? «Hemos de resistir», mantiene Luca. «Hoy en día hay mucha competencia de baja calidad. No hay que ceder ante las sirenas de la moda fácil». Detalles cuidados, cortes clásicos, pantalones con pinzas. Es bonito que existan y resistan, ¿o no?


ANTIGUA BARBERÍA COLLA

Pelo y contrapelo

La antigua barbería Colla abrió en 1904, aunque se trasladó a su dirección actual en 1944. Franco Bompieri comenzó a ayudar al segundo propietario, Guido Mantovanini, en los años 60, y en 1975 se hizo cargo del local y puso su rótulo. La fama de la barbería, que conserva los accesorios y el mobiliario de principios del siglo XX, queda reflejada en las fotos con dedicatoria que cubren sus paredes. ¡Es natural! El pelo, la barba y el bigote aquí reciben los cuidados que se ofrecían antaño. ¡Nada que ver con las modas! El Sr. Bompieri ha estudiado, observado, escrito y usado sus manos de oro durante 60 años. Los productos que usa en su barbería (¡cuidado con llamarla tienda!) son fruto de una sabiduría artesanal. Son criaturas suyas y de su hija Francesca que, con respecto al futuro, tiene las ideas claras: «Hay cosas que no cambiarán jamás. El respeto por los demás y por el trabajo. El deseo de hacerlo cada vez mejor. La humildad. Este lugar es hijo de todos los que lo han querido así».


PECK

La exquisitez se abre camino

La historia de la gastronomía más famosa de Milán comenzó en 1883, cuando un chacinero procedente de Praga, Francesco Peck, abrió su tienda en Via Orefici. Sus carnes y embutidos ahumados eran tan buenos como para hacerle merecedor del título de proveedor de la Casa Real. En 1918, Eliseo Magnaghi compró la tienda y la trasladó a Via Spadari, donde se sigue hallando. Peck se convirtió en lugar de encuentro de la élite milanesa, recibiendo a personalidades destacadas, autores e intelectuales. En los años 50, la cultura de la pausa para almorzar se inauguró en el mostrador de Peck, bastante más invitante que los comedores de las empresas. El cautivador rótulo actual lo puso la familia Stoppani (sucesora de los Graziali) en 1997. Desde 2013, el negocio se encuentra en manos de Pietro Marzotto. En el templo de la gastronomía, hoy todo es elevado: la calidad, selección, elegancia, profesionalidad, amabilidad… y los precios. Por lo demás, Peck es uno de los emblemas de la comida italiana a nivel mundial. Ya no es «sólo» de los milaneses.


LIBRERÍA BOCCA

Una cultura que apoyar

Hay lugares en los que, al entrar, dan ganas de quitarse el sombrero, aunque sólo ocupen una superficie de 50 m2. La Librería Bocca, abierta desde 1775, puede que sea la más antigua de Italia. Fue inaugurada en Turín por los hermanos Bocca, y llegó a tener 5 establecimientos, de los que sólo sobrevivió éste de la Galería Vittorio Emmanuele, que data de 1930. Entre la larga lista de reconocimientos que ha recibido, citamos el que más enorgullece a Giorgio Lodetti, su dueño actual: el haber sido elegida en 2007 como «Lugar del corazón» por el Fondo Ambiente Italiano (FAI). En esta librería, hoy de vocación artística, se han impreso las obras de los personajes más importantes de los siglos XIX y XX, libros que han contribuido a tambalear antiguos equilibrios sociales y a abrir sendas nuevas para la evolución del pensamiento. Y, sin embargo (mala tempora currunt), estuvo a punto de cerrar. Gracias al Ayuntamiento de Milán, la Giunta Pisapia le ha renovado la Concesión con renta sostenible hasta 2025. Como parte de su historia más reciente, cabe destacar su asociación con la librería Skira.


MEJANA

El regreso a lo original

Mejana se registró en la Cámara de Comercio como cuchillería y peletería de caballero en 1911 y abrió en la Galería Vittorio Emmanuele en 1917, especializándose en la venta de plumas estilográficas y artículos de escritura. El propietario actual sucedió a su padre en los años 90 y es la quinta generación de los Mejana. Todo un récord. D. Roberto nos ofrece una visión empresarial muy lúcida, que trasladamos brevemente: «Vender plumas estilográficas ya no basta hoy en día. Una tienda histórica debe vender algo propio y ofrecer artesanía original y local, yendo más allá del concepto de mera reventa. A nuestro artículo «histórico» (que ahora es un sector nicho), nosotros hemos añadido una nueva producción de peletería. En Internet se pueden comprar plumas de todas las marcas. Pero los bolsos de calidad, hechos por artesanos locales en exclusiva para nosotros, se convierten en sólo nuestros». Más que un cambio de tendencia, esto se asemeja más a un regreso a los orígenes del concepto de tienda. Mejor dicho, un regreso a lo original.


CENTENARI GRABADOS DE ARTE

Que no se pierda el molde

El rótulo de esta tienda histórica, que no ha cambiado desde 1860, parece una predicción. En realidad, Centenari es el apellido de los fundadores que, el año anterior a la Unidad de Italia, abrieron una tienda de grabados de arte, cuadros, marcos y objetos preciados en el salón de Milán. La tienda pertenece a la familia Comini desde hace 50 años. Actualmente, Sandra, Gianni y Marcello siguen manteniendo alta la bandera de los grabados artísticos (donde cada obra es un original) y se prodigan en pacientes explicaciones a los clientes que todavía, y por suerte, quieren conocer la diferencia entre una xilografía y un aguafuerte, para que sirve un torno, qué es una matriz, cómo se hace un icono... «La pasión por el arte y la artesanía nos mantiene vivos», explica D. Marcello. «No queremos que desaparezca». Y, a una señora que pregunta por uno de los bajorrelieves de madera que había antes en el escaparate, le responde: «Eran de un artesano del Alto Adigio. Por desgracia, ya no quedan». Eso es, precisamente: aquí no se hacen fotocopias.


NOLI ESTANCO

No todos los humos son iguales

Artículos para fumadores NOLI. Cigarrillos, puros, papel timbrado. Así reza el rótulo del escaparate de este estanco histórico (y súper céntrico) de Milán. Para el nombre, se ha utilizado una letra cursiva que hace que parezca una firma. El local, situado en la Galería Vittorio Emmanuele desde 1927, fue adquirido en 1973 por Leonardo Noli, quien todavía lo dirige junto a sus hijos, Luca y Simona. El Sr. Noli nos confiesa, riéndose, que no ha fumado en toda su vida. Y, sin embargo, los puros que vende son fruto de una selección rigurosa de las mejores marcas extranjeras e italianas. De todos ellos, considera como «sus niños» a los que llevan la marca Noli, producidos en Nicaragua. D. Leonardo se define como un experto indirecto y nos explica con paciencia para qué sirve un humidor y qué diferencias hay entre las magníficas pipas que expone. Tal vez sea porque todavía le divierte su trabajo o porque le gusta hablar de él pero, por sus descripciones (permitidnos ser poco correctos en materia de salud), fumar parece todo un arte.


BERNASCONI

Plata viva

Los actuales propietarios del reluciente establecimiento de Via Manzoni son la cuarta generación de los plateros Bernasconi, que en 1872 abrieron el primer taller artesanal y en 1924 recibieron el título de «Proveedores de la Casa Real» de Saboya. Claudio y Maurizio fueron quienes trasladaron por última vez esta tienda histórica, actualmente situada en el denominado «cuadrilátero de la moda», entre prestigiosas firmas italianas y extranjeras. A los artículos de plata, con los años, se les han ido sumando productos artesanales hechos con materiales naturales. Se cuenta que a Ginevra, la mujer del fundador, Ernesto, no le faltaban para nada ni el olfato ni la intuición. En los años 30, inspirada por las frondosas plantas del jardín de su casa etíope, hizo que aplicaran a su servicio de plata unas asas hechas con raíces de bambú. El precioso servicio se perdió durante el viaje de vuelta, aunque no así la idea, que sus biznietos trasladaron a la nueva colección que lleva su nombre.


TRATTORIA TORRE DI PISA

La «dolce vita» milanesa en Toscana

En marzo de 1959, Romano Meacci (de origen toscano) colocó su rótulo en via Fiori Chiari, donde antes estaba el de la Trattoria da Omero. «Menú genuino y generoso a precios populares», como puede leerse en la lista de 1962 que conserva bajo un cristal. Su clientela, en su mayoría, está compuesta por obreros y empleados de la Academia de Bellas Artes Brera, que se encuentra cerca. Giancarlo Baghetti (un famoso piloto de Fórmula 1 por aquel entonces) fue quien comenzó recomendando este local y después de la periodista y escritora Camilla Cederna, ya empezaron a desfilar por él pintores, artistas, diseñadores, industriales, actores, directores, intelectuales, modelos y creativos. «Es frecuente que atendamos a los hijos de nuestros clientes históricos», cuenta Ettore Gallarello, gerente y socio del holding de Alberto Cortesi que adquirió el local hace una veintena de años. «Salvo los retoques hechos para adaptarlo a la normativa, hemos dejado todo tal y como estaba. Seguimos ofreciendo platos (toscanos) de temporada con ingredientes frescos», subraya Ettore. Casi todo está como entonces: mobiliario, suelo, menú genuino. Incluso el rótulo.


FORNARO

Una historia en la historia

Fornaro abrió en el lejano 1945. Anita y Stefano Fornaro dormían entonces en la tienda sin cristales de la avenida bombardeada y vendían quinqués, barreños y neveras de hielo: los artículos de primerísima necesidad de la posguerra. Para Adriano y Lidia, las cosas cambiaron junto al rótulo (actual) con el carácter típico de los años 60. En su tercera generación, los hermanos Eleonora y Stefano venden artículos de regalo, pequeños electrodomésticos... y lucha contra el impacto ambiental. Bicicleta para las entregas por el centro, bolsas biodegradables, retirada y recogida de artículos y materiales usados para su eliminación, etc. Cuesta no contaminar cuando no se quiere que ello pese sobre los clientes. «Hemos respirado el aire del servicio al cliente, en la familia. Mi abuela era una relaciones públicas nata y yo sigo sabiendo todo de todos», nos cuenta divertida Eleonora. «Para hacer los cursos de cocina, desmontamos toda la tienda y trabajamos también el domingo y el lunes». Los dos hermanos han escrito un libro sobre los 60 años de actividad. Historia en la historia. Con el agradecimiento de Milán.


CARTOLERIA FRATELLI BONVINI

Punto y aparte

D. Costante Bonvini abrió su papelería en 1909 y no había ninguna otra en un radio de 25 km. Con la Pedalina, su primera máquina impresora (a la que se unieron otras dos), comenzó a imprimir tarjetas de visita, invitaciones y papel de carta. Su hija Leila se hizo cargo del negocio después junto a su marido Luigi Cambieri. Cuando en 2012, ya siendo anciano, D. Luigi estaba a punto de dejar la tienda a su destino, un grupo de entusiastas tomó el relevo y la reabrió un par de años más tarde. Edoardo Fonti (gerente) nos muestra las colecciones de plumillas, tampones, tintas y lápices antiguos; y luego, en la tipografía, las máquinas, que todavía funcionan, y las antiguas «cajas tipo Rossi»: hileras de cajoncitos para letras, puntos y comas. A Fonti le gusta hacer hincapié en que todos los enseres y el mobiliario se han restaurado cuidadosamente y puesto de nuevo en servicio. También el rótulo es el de 1909. Una preciosidad.


BODEGAS ISOLA

Chin, chin... con denominación de origen

En el corazón del «barrio chino» milanés, hay un local en el que caben un mostrador, un sinfín de estanterías repletas de botellas, una sola mesa (ocupada) y varios clientes a la espera de una copa. Todo ello comenzó con Giovanni Isola que, en 1896, abrió una taberna con cocina: el «Boeucc dell’Isola» («Tasca de la isla», en dialecto milanés). Tras pasar por varias manos, a finales de los años 30 llegaron a Milán los 5 hermanos Isola (¿homonimia predestinada?), que se hicieron cargo de las Bodegas y pusieron el rótulo actual. Años después, Giacomo, hijo de Secondo Isola, entró en el negocio con su impagable mujer, Milly, una de las primeras sumilleres de Italia. En 1991 llegó el momento de los propietarios actuales. El simpático hijo de Giovanni y Tina Sarais, Luca, no dirige una tasca, sino una escuela de distinción y enología. «La nuestra es una Isla feliz», explica. «Cualquiera puede aprender que, detrás de una copa de vino, hay terrenos, cultura y personas diferentes». Y detrás del mostrador del Isola… una pasión con denominación de origen.


BAR MAGENTA

Poetas, navegantes y soñadores

El Bar Magenta, situado desde su fundación en el cruce entre corso Magenta y via Carducci, es toda una institución y sus 109 años le convierten en el más antiguo de Milán. Siempre ha sido un lugar de reunión muy variopinto, por el que han pasado universitarios, artistas (famosos y desconocidos), poetas malditos, exponentes de la llamada «Generación Beat», revolucionarios... Y también yuppies, personas de la «izquierda caviar», «metaleros», modelos, creativos, navegantes y soñadores que, a cualquier hora, ocupan todas las mesas exteriores bajo el bonito rótulo modernista, o interiores, con su preciosa decoración antigua: reloj dorado, caja, mostrador y aparadores originales. A estas personas tan variadas, parece haberles gustado el ambiente literario del local, la eficiencia áspera de los camareros (aunque con buen conocimiento de la cerveza y los bocadillos) y el hecho de encontrarse entre gente tan distinta. Pero ya se sabe que los tiempos cambian. El bar Magenta ha sabido resistirse a las propuestas de compra por parte de una cadena de «fast food». Le deseamos que no llegue nunca a marchar al paso de los tiempos modernos.


MERCERÍA GRASSI P.

La alegre habitación de los botones

El rótulo de esta tienda (sencillísimo y un poco retro) evoca una Milán claramente distinta. La mercería, abierta en 1945 por D.ª Piera Grassi, actualmente la dirige su nieta, hija del titular, Marco. Al entrar, nos recibe una alegre explosión de colores y una variedad increíble de mercancías. Exacto. «Para salir adelante, hoy en día hay que contentar a todos», nos cuenta Katia. «Porque, si en el pasado se trabajaba con las sastrerías, ahora son los particulares los que nos piden... todo tipo de cosas y de cualquier forma y color. ¡Vienen incluso de fuera de Milán! Y pensar que cuando mi abuela quería abrir, ya había 8 mercerías en esta calle y podían incluso no concederle la licencia». Katia, divertida, continúa diciendo: «Por suerte, esta tienda daba a Via Poliziano, donde todavía no había ninguna». De aquellas 8 mercerías, La Grassi P es la única que queda ahora en la zona. Y ya son poco habituales en toda Milán. ¿Qué haríamos sin su increíble despliegue de botones?


AL PASCIÀ

Lentamente, artesanalmente

La tienda, ubicada en el edificio Casati Stampa del siglo XVI, abrió en 1905 por iniciativa de un industrial de Pavía que fabricaba pipas: el Sr. Carati. En aquella época, la pipa le ganaba al cigarrillo por 10 a 1. Al Pascià, dedicado al mundo de los artículos «de humo lento», sólo ha pasado por mano de 3 familias. A principios de los años 90, la familia Sportelli amplió la oferta, incluyendo la peletería. Vende tabaco, pipas, carteras, llaveros, bolsos y maletas. «Son todo objetos de mucha calidad, hechos exclusivamente a mano por artesanos locales», matizan los señores Sportelli. «Nos ha tentado la idea de cambiar de sitio», nos cuenta Cosimo Sportelli, el gerente, «pero habríamos decepcionado a nuestros clientes de tercera y cuarta generación al no encontrarnos aquí». «Boiseries» de madera oscura, ambiente de otra época, y el rótulo, que es lo único de diseño más reciente (de los años 80). En la Via Torino de hoy en día, encontrar una tienda es algo poco común, aunque también consigue atraer a un público cada vez más cansado de los centros comerciales.


PASTELERÍA COVA

Un salón en donde se ha escrito la historia

Pastelería, confitería, salón de té y bar son algunas de las descripciones que se pueden leer en los toldos de los escaparates de uno de los cafés más antiguos y renombrados de Italia, que aparece (incluso) en Wikipedia. Fue fundado en 1817 por Antonio Cova, soldado de napoleón y obrador. Desde 1988, lo dirige la familia Faccioli. Hasta el bombardeo de 1943, se encontraba junto a La Scala, abriendo en 1950 en Via Montenapoleone. Su marca nunca ha cambiado, y se parece mucho a un escudo nobiliario. «El histórico buen salón de los milaneses» ha recibido a artistas, escritores, músicos, políticos y patriotas levantados contra los austríacos en las cinco jornadas de 1848. Ha acogido a la élite cultural de todas las épocas. Por sus mesas han pasado personajes como Mazzini, Boito, Verga y Giuseppe Verdi, inmortalizado en una celebérrima fotografía. En resumen, que ha sido la personificación de la mismísima esencia de Milán. Y lo sigue siendo, como destino indiscutible de quienes desean rendir culto al gusto.


TRATTORIA MASUELLI

Tradición entre fogones

Francesco y Virginia Masuelli, originales del Piamonte, abrieron el mesón en 1921. Éste pasó a sus dos hijos, Giuseppe y Lorenzo, en 1955 y, cuando nació la revista La gola (1982), se empezaron a celebrar en él las reuniones de los promotores del «slow food». En primera línea se encuentra Gianni Sassi, también autor de los logotipos del local. En las conversaciones, se habla de la necesidad de ofrecer una «cocina casera al público», lo que, para Giuseppe (Pino) Masuelli, significa «trasladar tu propia alma a los platos que sirves al cliente». Con la fusión de las tradiciones gastronómicas lombardas y piamontesas, el local conserva el factor de su éxito, que se refleja perfectamente en el ambiente: techos altísimos, «boiseries» en las paredes, muebles con piezas originales de los años 30 y sillas Thonet. Massimiliano, hijo de Pino y Tina, trabaja con ellos como Chef desde 1987. Y últimamente también se han unido al equipo Andrea (hijo de Massimiliano) y un ayudante de cocina formado en la escuela de los Masuelli. La continuidad de la tradición está garantizada.


C. GRASSI CRISTALERO

Los vestidos del arte

Ya en la segunda mitad del siglo XIX había aquí una tienda de un cristalero y enmarcador que se llamaba Castelli. El actual rótulo modernista es de 1925, cuando Carlo Grassi se hizo cargo de la actividad con sus dos hijos, aunque después sólo continuó Pietro. Años más tarde, les llegó el turno a los hijos de Pietro: Carlo y Enrico. Actualmente Marcello, hijo de Enrico, sigue fabricando marcos de cualquier forma y tamaño, de todos los estilos y tipos de madera: tallados, envejecidos, dorados, plateados, lacados o pulidos con técnicas antiguas que ni siquiera sabíamos que existieran. «El muestrario nunca es suficiente para conseguir que cada obra de arte destaque y contentar a cada cliente», explica D. Marcello. «Por eso nosotros personalizamos todo lo posible cada marco». Sencillo, ¿no? Únicamente hace falta alguna década de experiencia para aprender a hacerlo. Sólo tres generaciones de artesanos. Sólo una pasión inagotable por «los vestidos» de las obras de arte.


Lo que hemos aprendido nosotros.
La tenacidad, el orgullo, la pasión, el respeto y la dignidad. La distinción, la sabiduría, el sentido del humor, la esperanza y la ironía. El fatalismo, la resistencia, historias pasadas y visiones futuras. Agradecemos a «nuestros» rótulos sus desahogos y amarguras (que nunca llegan a la desesperación). Por el precioso italiano (que, desde luego, no se da por descontado). Y por la palabra seca y, al mismo tiempo, suave. Con ese regustillo de sarcasmo retenido tan característico (¡y exclusivo!) de los auténticos milaneses.
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