París es tan bonita que a menudo los viajeros se quedan deslumbrados por sus atractivos turísticos. Pero, si se mira debajo de la superficie, se descubre otra historia de la ciudad. Es una historia hecha por la gente que pone el arte y la creatividad en el centro de su vida diaria. Una mirada a las fachadas de las tiendas de París y a la vida que transcurre detrás de ellas, nos acerca al pulso palpitante de la ciudad.
Librairie des archives

De los sombreros a los libros

En 2002, cuando Stefan Perrier estaba reformando un local para abrir una librería, descubrió el rótulo de una fábrica de sombreros de los años 20. “Decidí mantenerlo y ahora la gente lo fotografía 50 veces al día!”, explica. No se tarda mucho en reconocer la pasión de Perrier por el arte y el diseño. “He creado la librería de arte que soñaba como coleccionista de libros”, afirma con orgullo. Hijo de dos libreros – “nací entre libros” – decidió abrir su proprio negocio en la orilla del río opuesta a la de sus padres. Su tienda está en la orilla derecha, en el Marais, entre la Galería Pompidou y el Museo Picasso. Es un espacio pequeño, pero las estanterías llegan hasta 3.6 metros de altura, llenas de libros antiguos y publicaciones agotadas de arte, diseño, moda y joyería, junto con algunos textos recientes bien escogidos. En 15 años de vida, la tienda se ha ganado una reputación internacional y ha atraído un sinfín de diseñadores de ropa, galeristas, coleccionistas y expertos de arte. “Quiero compartir mis conocimientos y mis gustos, pero también aprender de mis clientes y descubrir artistas y diseñadores nuevos cada día”, explica.
Alain Maître Barbier

El arte del afeitado

El estilo es algo que se percibe instintivamente. Eso se percibe mucho cuando se entra en la barbería de Alain. Este hombre elegante en la sesentena es el más antiguo y famoso maître barbier de París. En los últimos 20 años, sus navajas han afeitado cuellos y mejillas de hombres de todo tipo. Es un artista tan apreciado, que imparte auténticos “cursos de afeitado” a cada persona que compra una maquinilla en su tienda. El sitio es algo como un santuario de la barbería, ya que Alain ha coleccionado un valioso tesoro de objetos relacionados con el afeitado: maquinillas de todo el mundo, cacharros de todo tipo e incluso grabados que enseñan los altos y bajos de su profesión. No es raro que Alain Maître Barbier esté en la lista de los Museos Insólitos de París.
Galerie d'Art Jacqueline Lemoine
Photo credit Sebastian Erras

Fe en el color

Cuando vi este sitio fue amor a primera vista: sabía que era aquí y en ningún otro donde tenía que instalarme”, dice Jacqueline Lemoine, recordando la primera vez en que vio lo que es ahora su galería de arte en la Ile de Saint Louis, cerca de Notre Dame. Era el 1981 y Jacqueline estaba buscando un lugar donde exponer las pinturas de su marido Nghiem-Phu Hai. Lo primero que atrae la mirada en la galería es el león encima de la puerta. “Este símbolo de lion d’or se remonta a la tradición del siglo 17 de advertir a los viajeros los lugares donde podían dormir y descansar”, explica. El interior de la galería es una explosión de colores. “Soy muy sensible al color”, explica Jacqueline. Además del trabajo de su marido, ha expuesto el trabajo de otros muchos artistas franceses, japoneses y vietnamitas.
Les Ceramics du Marais
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El zoo de porcelana

Tras la fachada de madera azul oscuro de Céramiques du Marais, Dorothée pasa el día con el delantal puesto y su perrita Dharma entre los pies. “Es la mascota de la tienda, nadie resiste a sus encantos – ¡es una excelente comercial!”, bromea Dorothée. Estanterías y vitrinas albergan multitud de animalitos de cerámica, una de sus especialidades. Es experta en cerámica, pero también en terracota, esmalte y vidrio. Además de los animales, vende trabajos de unos diez artistas internacionales. “Todas las piezas son únicas e insólitas, no las encontrarías en ningún otro sitio”, dice. Como restauradora, le da una segunda vida a porcelanas dañadas o rotas. Dorothée abrió su tienda en 2011 en el Village St Paul, un área dedicada a las artes, antigüedades y el diseño. Ya tiene una clientela internacional: una de sus clientas fue Scarlett Johansson.
Huygens
Photo credit Sebastian Erras

Creama hazlo-tu-mismo

Cada piel es distinta y cada cosmético debería ser distinto. “Todos nuestros consejos están personalizados”, afirma Daan. En la tienda que él y Sébastien abrieron en el Marais hace tres años, hay incluso un pequeño laboratorio, donde los clientes pueden diseñar su propia mezcla de extractos de plantas, como en un antigua botica. Quizá el cirujano que vivió en este sitio en 1600 debía tener también su propia oficina. Daan y Sébastien son unos apasionados de las propiedades medicinales de las plantas y todos los productos de Huygens son naturales. Son muchos los adictos a su exfoliante facial y su agua floral. “El bienestar por encima de todo. Lo tenemos muy presente en nuestros productos y en el servicio que prestamos”, dice Daan. Unos cuantos famosos confían en Huygens para mantener su belleza. “Nuestros productos se encuentran sólo aquí. Somos una institución que los parisinos adoran.
Fish La Boissonerie

Empinar la aleta

Un precioso mosaico con peces y conchas marinas te da la bienvenida en la entrada de Fish La Boissonerie, el sitio justo para probar el mejor pescado y el mejor vino de París. En 1905, en este sitio había una pescadería, poissonerie en francés. Cuando Drew Harré y su pareja de negocios Juan Sánchez lo compraron, cambiaron la “p” por una “b”, jugando con la palabra boisson, bebida: de aquí el nombre boissonerie. Cuando abrió en 1999, no servían pescado, ya que era tan sólo un wine bar. Recientemente, lo convirtieron en un bar gastronómico “con comida deliciosa y una carta de más de 200 vinos franceses”, dice Drew. Ahora, el nuevo chef Valentin Vasser planea llevar la pasión por la comida de los propietarios a un nivel aún más alto.
Hotel du Petit Moulin

Escenario sorprendente

La sorpresa te asalta desde el primer momento en que pones el pie en el Hotel du Petit Moulin. “La gente se confunde por el letrero de panadería y cuando entra se queda perpleja”, explica Vanessa Jacquiot, responsable de ventas y marketing del hotel, que abrió en 2005 en un edificio histórico del siglo 17, donde surgió la primera panadería de París. “Victor Hugo acudía aquí a comprar su baguette”, explica. Las sorpresas no paran a medida que uno se adentra en el hotel. “La restauración ha mantenido las peculiares perspectivas y la estructura laberíntica original”, explica Vanessa. Los interiores fueron diseñados por el modisto Christian Lacroix, quien creó 16 habitaciones y una suite junior, todas distintas entre sí, que evocan distintas historias del Marais, el barrio del hotel. Algunas son luminosas y atrevidas (una tiene incluso techo de espejos) y otras tradicionales y rústicas. La sala del desayuno es un antigo café de Paris. “Este diseño teatral hace que haya una sorpresa detrás de cada esquina”, dice Vanessa.
Le Bonhomme de Bois
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Habitación infantil de sueño

Si quieres ver la habitación en la cual soñaste dormir cuando eras niño, tienes que ir a Bonhomme de Bois, cerca de la plaza de la Bastilla. Tras la entrada rojo-verde (los colores de la Navidad) te espera un paraíso de juguetes tradicionales. “Es fantástico cuando los niños se paran delante de nuestro escaparate encantados, aunque quizás no lo sea tanto para los padres que acaban arrastrados dentro de la tienda”, bromea Yann Bilhaud. Aquí hay juguetes que no se encuentran en las grandes cadenas. A Yann le gusta especialmente el Hochet skwish, un sonajero de madera en forma de átomo: los bebés adoran tocarlo y ponérselo en la boca.
L’International Records
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El triunfo del vinilo

Recuerdo un concierto en la tienda: el grupo estaba en el fondo, la tienda a reventar y había aún más gente fuera con sus paraguas bajo la lluvia. Ese momento fue pura magia”, recuerda Dave Kouliche. Momentos como este son lo mejor del negocio. “Estoy orgulloso de que este sitio se haya convertido en un punto de encuentro para artistas, donde muchos proyectos han echado a andar”, dice. Dave abrió la tienda hace cuatro años con un amigo, en colaboración con el bar L’International, que está en el lado opuesto de la calle, en el barrio de Ménilmontant-Oberkampf. Vende sobre todo vinilos, de todos los géneros – jazz, clásica, techno, hip-hop, disco y músicas del mundo. “Los clientes pueden encontrar Led Zeppelin, Michael Jackson o Daft Punk, pero también discos de pequeños sellos o autoproducidos”, explica. La atmosfera es realmente cool. Lo prueba una anécdota: recientemente, un fotógrafo se presentó en la tienda y dijo que tenía que hacer fuera como fuera un reportaje fotográfico allí. Cuando volvió trajo consigo su modelo: era Vincent Cassel.
La Galcante
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Una máquina del tiempo de papel

Si algo fue noticia en Francia entre finales de 1700 y ayer, encontrarás información sobre ello en La Galcante. Emplazada en una callejón sin salida cerca del Louvre, esta tienda es una verdadera máquina del tiempo, que cuenta con 8 millones de periódicos, revistas, folletos y catálogos impresos desde los tiempos del antiguo régimen hasta la actualidad. Tan sólo el 10% de este tesoro está disponible en la tienda, el resto está guardado en un almacén de 1200 metros cuadrados fuera de París. No obstante, La Galcante (el nombre es la fusión de “galería” y “brocante” , es decir, tienda de antigüedades) es un verdadero laberinto de papel: un espacio inmenso con escaleras, estanterías y mesas llenas de carpetas, todo ello envuelto por la fragancia del papel antiguo. Cuando echó a andar, en 1975, este negocio sólo vendía facsímiles de periódicos. Hoy, puedes comprar el periódico del día de tu nacimiento o de algún día histórico. Sin embargo, algunas piezas especialmente valiosas, com el famoso J’accuse de Emile Zola, no están a la venta.
Clair de Reve

La fábrica de sueños

Los fabricantes de títeres, autómatas y cajas de música son una especie amenazada. Claire de Reve es el último sitio donde se fabrican en París. “Vender piezas únicas permite a muchos artistas mantener viva su actividad creativa”, afirma Gilles con orgullo. Pisar su pequeño taller en la Ile Saint Louis es como entrar en un mundo de sueños infantiles. Héroes y princesas cuelgan del techo, con sus hilos listos para darles la vida. Un pequeño carnaval veneciano aparece al abrir una caja de música. Una fila de relojes artísticos hace tictac en una esquina. “Las tiendas artesanales enseñan el savoir faire francés, que es apreciado en todo el mundo”, dice Gilles. Él abrió su tienda en 1991 en un edificio del 17º siglo y está decidido a no tirar la toalla. “Esta es una creación afectiva”, afirma.
La Pharmacie
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Medicina para el alma

El color azul de la fachada es el de las farmacias parisinas de principios del siglo 19. Dentro, bonitas estanterías de madera y cristaleras enseñan todavía antiguos botes de cerámica para fármacos. Pero entre ellos se encuentran botellas de vino, cálices y teteras. Todo esto confiere una atmosfera especial a La Pharmacie, el restaurante dirigido por el chef Christophe Dupray. A veces un buen vino y un plato bien guisado son la mejor medicina para el alma: ambas cosas no faltan nunca en la carta de este restaurante en el barrio de République. “Proponemos recetas tradicionales, con productos frescos de temporada que preparamos en nuestra cocina abierta”, explica Christophe. “Y ofrecemos vinos de pequeños productores”. Esta medicina se toma sin derramar ni una lágrima.
 
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Video credit Pablo Apiolazza

Deyrolle
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El último gabinete de curiosidades

Un grupo de nutrias disecadas mira el trasiego de París desde el aparador de Deyrolle, como se viniera de otro tiempo. Esta sociedad de taxidermia y entomología parece haberse quedado en el siglo 19, la edad de oro de los naturalistas y aventureros. Recuerda los antiguos gabinetes de curiosidades, los sitios en los cuales se podían admirar las maravillas de los países lejanos, antes de que se inventara la televisión e Internet. Desde su creación en 1821, la Sociedad de Historia Natural Deyrolle ha sido una importante institución pedagógica y un sitio de inspiración de artistas y coleccionistas. Sus diagramas educativos de zoología y anatomía colgaban de las paredes de muchos colegios franceses. En 2008, Deyrolle sufrió un gran incendio que destruyó el 90% de su colección. Una avalancha de apoyos por parte de particulares y empresas dejó claro que París no quería que ese lugar cerrara. Un grupo de artistas organizó una subasta para pagar la reconstrucción de la colección. Ahora, Deyrolle organiza exposiciones sobre la relación entre arte y naturaleza (en artistas como Dalí, Breton, Hirst o Huang Yong Ping, por ejemplo). Su publicación educacional, Deyrolle pour l’Avenir, ayuda a mantener la pasión por la naturaleza y el medio ambiente entre las jóvenes generaciones.
Au Petit Versailles du Marais

El palacio real del pastel

La grandeur francesa desborda por todos los sitios de París, incluidos los menos esperados, como una pastelería. Au Petit Versailles du Marais es como un pequeño palacio real. A ambos lados de la puerta de entrada, te saludan frescos que representan a labradores del campo. Dentro, en la sala de te y en las terrazas, estás circundado por el brillo de los espejos, que recuerdan la Sala de los Espejos del palacio de Versalles. Se te hace la boca agua al mirar los botes de cristal y las estanterías llenas de dulces y panes de todas formas, reflejados en los espejos. Y no te olvides de mirar hacia arriba. La luz de preciosos candelabros de cristal se refleja en el techo decorado con pintura de vidrio inversa. Esta técnica, inventada en 1835, la empleó en esta pastelería el pintor y decorador Charles Anselm, en 1860, el año de su abertura.
Cine Images

Nirvana para cinéfilos

La cosa más bonita de trabajar aquí es que tienes la sensación de estar vendiendo sueños”, sice Alexandre Boyer, que gestiona la más antigua galería de Europa dedicada a los posters y las fotografías de la historia del cine. “Me encantan las películas y los carteles: trabajar en un sitio como este era mi sueño de niño”, dice. La fachada color vino de la galería es de principios del siglo 19, cuando abrió. Sin embargo, fue en 1976 cuando Jean-Louis Capitaine, apoyado por el director Louis Malle, la orientó hacia el mundo de la celuloide. “Somos los especialistas mundiales en cine mudo francés”, explica Alexandre. Muchos grandes nombres del cine han convertido en clientes leales de Cine Images: Martin Scorsese, Steven Soderbergh, Spike Lee y Nicole Kidman, entre otros.
Sennelier
Photo credit Sebastian Erras

Artilugios para pintores

¿Estás buscando plumas negras para pintar? ¿Hojas de oro para dorar? ¿Una caja de composición (oeil de vieux) para dibujar un paisaje? ¿Una pipeta para rociar tinta (soufflé au cul)? Hay un sitio donde puedes encontrar todas estas cosas: Sennelier, una de las tiendas de arte más antiguas de Paris. Más allá de su típica fachada verde, hay un santuario del arte y del comercio. Las estanterías de roble originales están atestadas de todo tipo de objetos: desde pinzas para figuras de papel japonesas hasta cajas con 125 pasteles distintos. Gustave Sennelier abrió la tienda en 1887 en la Quai de Voltaire, un barrio poblado por artistas en ese momento. Cézanne y Chaim Soutine compraban sus pinturas de óleo aquí. Picasso fabricaba aquí sus pasteles de oleo. Sonia Delaunay ordenaba mezclas especiales de colores enlatadas en viejos botes de mermelada. En 1936, Sennelier abrió otra tienda en Montparnasse, un barrio que por aquel entonces se había puesto de moda entre los artistas, y otra en Denfert Rochereau. Desde los ’60, los colores de Sennelier se han difundido también en el extranjero, especialmente en Estados Unidos. “Queremos mantener nuestra tradición artesanal y a la vez estar al día de las novedades”, dice Sophie Sennelier, la propietaria actual. “Nuestro logo es un hombre volador, inspirado en un intento de vuelo hecho por un hombre en la Quai de Voltaire en los años ’20: su valor representa el espíritu de nuestro negocio”, afirma.
Julien Aurouze and Co
Photo credit Sebastian Erras

El verdadero Ratatouille

Entrar en esta tienda es arriesgado, si eres de los que se asustan al ver una rata. El sitio está lleno de roedores disecados, empezando por la macabra fila de ratas colgando de trampas en el escaparate de la tienda. Esta imagen asombrosa ha estado expuesta desde 1872 y Julien y Cécile, pertenecientes a la cuarta generación de propietarios, no tienen ninguna intención de cambiarla. “Los medios nos llaman todo el rato para hablar de animales nocivos y miles de turistas fotografían el escaparate cada día”, explican. “Esta tienda es una bonita historia familiar y tenemos el placer de continuarla”. Especializada en pesticidas y trampas (incluyendo una inventada en la tienda), la tienda aparece en la película Ratatouille de Pixar. En una escena, el padre del roedor protagonista, Remy, le enseña el escaparate como una alerta para que no se acerque a los humanos. Para saber más del asunto, puedes consultar “Una rata en París”, un libro editado por Aurouze.
Paris Jazz Corner
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Ni una nota falsa

Si el jazz tiene un color, es el azul: un color de concentración, tensión y con una nota de tristeza. Quizás es por esto que Pariz Jazz Corner, la tienda de referencia para los amantes del jazz en París, está pintada de azul intenso. Se halla justo delante de la Arena de Lutecia, las ruinas romanas en la orilla izquierda del Sena. Dibujos de ídolos del jazz y una fila de discos a lo largo de todos los escaparates sirven de aperitivo para los fans que se acercan. Dentro, el sitió está a rebosar de LPs nuevos y antiguos, CDs, libros y folletos – un mundo de música. Los empleados de la tienda tienen sugerencias tanto para los noveles como para los veteranos. Esta actitud relajada y una web fantástica han transformado esta tienda en una de las favoritas de la comunidad internacional del jazz.
Patisserie Boulangerie Boris
Photo credit Sebastian Erras

La meca del “petit choux

Boris Lumé tomó la gestión de esta panadería y pastelería hace tan sólo tres años, en 2013, pero es consciente de su historia de un siglo. La preciosa decoración de la fachada contiene un dibujo del Moulin de la Galette, un antiguo molino de viento que es el símbolo de su barrio, Montmartre. El Baile en el Moulin de la Galette de Renoir es una de las obras más famosas del impresionismo, un movimiento creado por artistas que usaban Montmartre como su taller al aire libre en el tardo siglo 19. La panadería-pasteleria Boris está en la lista de los monumentos históricos de Francia, y los pasteles que hace Boris son unos pequeños monumentos en si mismos: especialmente el increíble petit choux, un hojaldre relleno de nata. Parece que Meryl Streep se enamoró de ese dulce cuando grabó aquí una escena de la película Julie e Julia.
Charvin
Photo credit Sebastian Erras

Pintura local para artistas locales

Un trozo de la París mítica - ciudad llena de artistas que pintaban en plen air con sus caballetes y sus sombreros de paja – aún existe. La fábrica de colores Charvin es un ejemplo vivo de las tiendas de bellas artes del siglo 19. “Estamos en un sitio extraordinario, en las quais [orillas de Sena] del barrio artístico de Saint Germain”, dice Laurence Charvin, el fundador de la tienda. Hay galerías y museos detrás de cada esquina y una comunidad de artistas acude a Charvin para comprar cajas de madera de témperas y acuarelas, muñecos anatómicos flexibles para pintar figuras humanas, marcos y paletas. La tienda es también el buque insignia de la marca Charvin, que vende en toda Francia.
Parfait Elève de Pouyanne
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Los doctores de la ropa

A menudo, nos ocurre que limpiamos la ropa del bautizo y la de la boda del mismo cliente”, afirma Nathalie, para explicar la fidelidad que su tienda induce en la clientela. Las lujosas letras doradas sobre fondo negro del letrero reflejan el prestigio del establecimiento. El bisabuelo de Nathalie, Louis Pouyanne, lo abrió en 1903. Entonces, se dedicaba a limpiar y planchar la ropa de los vecinos del Boulevard Haussmann, incluyendo los trajes para ir al cercano teatro de la ópera. Hoy su trabajo es tan apreciado que incluso se les confía la limpieza de ropa histórica para exposiciones y museos. “Tenga la edad que tenga, una pieza de ropa puede siempre recuperar su frescura y brillo”, afirma Nathalie. El eslogan de la tienda es “doctores de la ropa”. El interior no ha cambiado, con tres grandes mesas de madera llenas de ropa. No todas las tintorerías son tan glamurosas.
Bastille Optic
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El arte de mirar

Bastille optic no es una tienda que pase desapercibida: el amarillo chillón de su fachada y el rótulo compuesto con letras de otras tiendas de los años 50 llaman inmediatamente la atención. El interior es igual de atractivo. Modernas gafas de diseñadores franceses (incluyendo la marca propia de la tienda Eva La Java) están en venta, junto con modelos antiguos de todo el mundo. Pascale, gerente y directora artística de Bastille optic, los ha coleccionado desde cuando abrió la tienda en 1986, en el barrio de la Bastille. Parece tomarse en serio el lema de la tienda: “gafas para ver más allá de la punta de tu nariz”. Fotografías de gran formato cuelgan de las paredes. “En los últimos 15 años he organizado exposiciones de retratos de las tribus de Bastille: camareros, canguros, jardineros, floristas, amantes…”, explica. Bastille optic ofrece regularmente performances de danza. En 2010, Pascal creó el festival Bastille Quartier Libre, que presenta el trabajo de artistas y artesanos independientes de la zona. “Después de algunos de estos eventos, hay gente que viene a la tienda y me dice: no necesito unas gafas nuevas, pero me las haría gustosamente contigo.
Le Bistrot Saint André
Photo credit Sebastian Erras

Esencia de bistrot

Si existe un símbolo del París cotidiano son sus bistrots, donde trascurre gran parte de la vida de la ciudad. Le Bistrot Saint André, en el Quartier Latin, es una experiencia francesa en su esencia, acompañada por el sabor de la comida tradicional. Algo común en los bistrots es tener una terraza donde tomar algo. Pero este sitio tiene un rasgo aún más parisino que eso: el cine. “La proximidad del cine Saint André de les Arts hace que muchos cineastas elijan este bistrot para sus tertulias”, explica Bernard Hadid, quien gestiona en la actualidad el restaurante que fue fundado por un amigo de su familia en 1992. El restaurante ha tenido entre sus huéspedes la actriz Monica Bellucci, el músico Ait Menguelet, el periodista Jean Lacouture, el inventor Roland Moreno, y muchos otros.
Les Degres di Notre Dame
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Una maison de plaisirs artística

Si eres un artista, este es tu sitio para pernoctar en París. Aquí el arte es de casa. Este hotel está en el centro de la ciudad, cerca de todos sus tesoros artísticos. El edificio es del siglo 17, con una arquitectura y unos frescos notables. Entre 1800 y 1900 fue una maison de plaisirs (burdel): la recepción está en el sitio donde los clientes ataban sus caballos y el estilo del lugar se percibe aún hoy en los frescos de los cuartos de baño. Hoy, los plaisirs están en el ámbito del arte. El gerente del hotel, Avijid Gosh, utiliza el vestíbulo como un espacio de exposición y un taller de arte. Vende también pequeños souvenirs hechos a mano. “Poetas, pintores y cantantes de ópera han apreciado nuestra hospitalidad”, dice Avijid. “Tenemos clientes que vuelven regularmente desde hace 30 años: uno me presentó a su hija, que tiene 30 años, y vino por la primera vez cuando tenía cinco.
Cire Trudon
Photo credit Sebastian Erras

Gloria de las abejas

Un escudo con una colmena, las armas de Luís XV, y el lema Deo Regique Laborant (“Trabajan para Dios y pare el Rey”) campean en la entrada de Cire Trudon. Esta imagen es el resumen de la historia del más antiguo fabricante de velas de Francia aún en activo. En 1643, el mercader Claude Trudon se estableció en París y compró una tienda donde vendía especias y velas. Su hijo Jacques alcanzó la posición de farmacéutico de la reina María Teresa en Versalles. En 1737, tras la compra de la fábrica real de cera, la familia se convirtió en proveedor oficial de la corte francesa, bajo Luís XV, y alcanzó más de 100 empleados. Casi dos siglos después, la empresa abrió una tienda cerca de Saint Germain des Pres, donde recibían sobre todo clientela eclesiástica. Hoy Cire Trudon sigue sirviendo esta clientela, pero también provee a algunas de las marcas más prestigiosas en el mundo. Las velas de Cire Trudon son famosas por su espléndido brillo, resultado de su pureza. Su fórmula de cera es tal que no producen humo y no dejan restos en sus especiales vasos de vidrio, hechos a mano en la Toscana. Sus fragancias están diseñadas en colaboración con famosas casas de perfumes. Junto con el público general, la tienda recibe regularmente visitas de altos cargos de la Iglesia, artistas e incluso embajadores.
Bistrot Melac
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Homenaje a Baco

Baco está representado en todas las formas en el bistrot Melac. Aparece en pintura y escultura, incluyendo una estatua encerrada en un nicho en forma de bota encima de la puerta de entrada. Pero su presencia más importante se da en las muchas botellas que se pueden probar en el restaurante. En este sitio se ha bebido vino desde hace 75 años. Recientemente, se ha transformado en un restaurante arraigado en la cultura gastronómica del Aveyron, una región vinícola en el sur de Francia. El Bistrot Melac es también famoso por su fiesta de la vendimia que se celebra cada año delante del restaurante: los vendanges de Charonne, cuyo nombre viene del barrio parisino en el cual está emplazado.
La Dame Blanche
Photo credit Sebastian Erras

Santuario de la clásica

Este negocio es como un bebé: es mi vida, mi dedicación completa”, dice Régis Page sobre su tienda. Es un bebé exigente: aquí se encuentra la mayor colección de Francia de vinilos de música clásica. Régis ha acumulado pacientemente un tesoro hecho por 100.000 álbumes (almacenados en la tienda y en un almacén en la calle de atrás) principalmente con compras de colecciones privadas. Empezó en 1987, cuando cogió la gerencia de la tienda. Entre las joyas que han pasado por sus estanterías hay una caja que se vendió por 2000 dólares: “Mozart en Paris”, siete LPs que contienen toda la música compuesta por Mozart durante sus visitas a Francia, tocada exclusivamente por músicos franceses en 1956, bajo la dirección de Fernand Oubradous. El nombre de la tienda (“La Dama Blanca”) viene de una expresión típica referida a la mujer que le da el nombre a la calle: Rue Saint Genevieve de la Montaigene, una calle preciosa en el vibrante Quartier Latin.
Debauve et Gallais

Un templo de la dulzura

Estimado amigo, te recomiendo que comas regularmente chocolate de Debauve & Gallais, como medida para no olvidar nunca el verdadero sentido de la vida”. Estas palabras del escritor Marcel Proust resumen lo que se prueba al saborear uno de las joyas de este chocolatier. En Mayo de 1800, Sulpice Debauve abrió la tienda en Saint Germain (a dos pasos del Bon Marché y del Café de flore) con la mayor de las ambiciones. En la fachada, campean las palabras “Utile dulci”, extracto desde el lema de Horacio “mezclar lo útil con lo dulce”. Pasada la entrada, te encuentras en un semicírculo perfecto con una mesa parecida a una de farmacéutico, la profesión anterior de Debauve. Diseñada por arquitectos que trabajaron también para Napoleón, es la única tienda de chocolate registrada entre los monumentos históricos de Francia. El mismo Napoleón acudía a este templo de la dulzura, así como lo hacían Anatole France, Arthur Rimbaud y Coco Chanel, entre otros. Hay que probar las míticas “pistolas de María Antonieta”, diseñadas por Debauve para que actuaran de dulces cápsulas para los fármacos que la reina tomaba a regañadientes. La tienda está regentada hoy por Bernard Poussin, noveno descendiente de la familia, y Diane Junique, jóven manager. Juntos, han incrementado el perfil internacional de Debauve & Gallais, abriendo franquicias en diversos países.
La Bonne Franquette
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El espíritu de Montmartre

Pocos restuarantes pueden pavonearse de aparecer en la obra de grandes artistas: La Bonne Franquette es uno de ellos. Vincent Van Gogh quería mucho este jardín y lo pintó en 1886 en La Guinguette, hoy expuesto en el Musée d’Orsay. Este restaurante de Montmartre era un sitio de encuentro para algunos de los grandes de la pintura del siglo 19: Degas, Cézanne, Toulouse-Lautrec, Pissarro, Sisley, Renoir y Monet paraban aquí para tomar una copa tras subir la cuesta de la rue des Saules. Incluso el rótulo del restaurante es una obra de arte: lo hizo un artesano que pintaba con oro sobre vidrio, uno de los últimos en dominar este arte. La familia Fracheboud ha gestionado este restaurante (que tiene cuatro siglos) desde el 1971. Han intentado evitar la deriva turística del entorno y defender la calidad de su comida y de su vino (que aquí se sirve siempre en garrafas). Pero también han intentado evocar el espíritu del viejo Montmartre: en este sitio puedes disfrutar de un genuino cabaret montmartrois, cancán incluído.
Norbert Bottier
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Fragancia de cuero y cola

He crecido entre pilas de zapatos en la zapatería de mi padre. Y me he mantenido fiel a esa fragancia de piel, pintura, cola, brea e hilo de coser”, dice Norbert. Zapatero apasionado, ha encontrado una clientela que sabe apreciar su entrega. En 1981, Norbert abrió su propia tienda y en 1991 empezó a vender zapatos de lujo. Algunos años después, se puso a hacer sus propios diseños y hoy sus zapatos son muy apreciados por su calidad. “En la adolescencia, pasaba horas mirando a mi padre que trabajaba con máquinas que parecían esconder un secreto”, recuerda. Ahora, él también conoce ese secreto.
Lo que hemos aprendido.
La belleza de París es algo más que sus extraordinarios museos y monumentos. Antiguas familias de artesanos y jóvenes diseñadores, amantes de la comida y fanáticos de la música, incluso ópticos o gerentes de tintorerías, manifiestan un savoir faire que añade un toque de creatividad a su vida diaria. Sus talleres, laboratorios y oficinas cuentan una historia distinta de la ciudad. La próxima vez que vayas a París, tómate algo de tiempo para sumergirte en este mundo: no te arrepentirás de ello.
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