#throwbackthursday

 

DEJA QUE TE PRESENTE...
LAS TARJETAS DE VISITA

—¡Hola! ¡Buenos días!

—No, no puede ser. No es posible que me acabe de saludar.
—¡Ey, le digo a usted! ¡Buenos días!
—Imposible.
—Completamente posible. Permítame presentarme, soy una tarjeta de visita...
—... parlante. Después de las «app», los códigos QR y las tarjetas de visita USB, ¿ahora esto también? Bah.
—«Bah», dice. ¡Un tipo fácilmente impresionable!
—...
—He visto ya tantas cosas...
—Ha visto tantas...
—Estoy por el mundo desde hace siglos.
—Y yo que pensé en cogerla en la cafetería de la esquina.

—Siempre he sabido cómo reinventarme.
—Dejémoslo en reciclarse.
—«Recoge cuatro sellos y el quinto café es gratis». Ha caído también usted.
—Tengo la impresión de que no me voy a librar de usted fácilmente.
—Se lo he dicho, estoy por el mundo desde hace siglos. Desde el siglo XV.
—Ya veo. ¿Y qué se hacía por ahí en aquellos tiempos?
—En China, donde nací, los invitados me usaban para anunciarse a los señores de la casa.
—«¡Preparad la alfombra roja, 'alguien' ha llegado!».
—En Francia y en Inglaterra, en cambio, era una especie de contrato de bolsillo.
—Sí que ha viajado por el mundo, ¿eh?
—Desde el siglo XVII en adelante, hasta los europeos se pasaron al estilo chino. En la Corte de Luis XIV, las tarjetas de visita estaban muy de moda.
—Cosas por las que perder la cabeza.
—Puede decir lo que quiera.
—¿Y fuera de Francia?
—En Inglaterra promocionaba tiendas, explicaba cómo llegar a ellas. A veces también hacía de contrato.
—Eso tiene un nombre: multitarea.
—Me subestima.
—Completamente.
—Y ni siquiera le he hablado de cuando era un símbolo de estatus.
—Soy todo oídos.

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—Resulta que, gracias a la impresión litográfica, con sus colores y detalles elaborados, me convertí en un objeto de colección.
—¿Y luego?
—Luego, a principios del siglo XX, comencé a parecerme a lo que soy ahora.
—¡Pero ya ha pasado casi un siglo! Necesitará una buena crema antiarrugas.
—Se lo he dicho, soy muy bueno reinventándome.
—¿Cómo?
—Papel lujoso, diseños que cautivan y que reflejan a las personas que representan, sus ideas, su actividad comercial...
—¡Habla como un libro impreso!
—O como un boletín, todos tenemos ambiciones.
—¿No teme pasar de moda?
—Soy ya todo un clásico.
—¿A pesar de la tecnología?
— Gracias a la tecnología, querido amigo.
—Suena un poco arrogante.
—Sé de lo que soy capaz.
—¿Por ejemplo?
—Intercambiar una tarjeta de visita es un gesto automático.
—¡Pero podría dejar de serlo!
—La inmediatez de ese gesto, de ese contacto, es difícil de sustituir.
—Nunca diga nunca.
—Por no hablar del placer de tener en la mano un objeto, de sentir el papel...
—Un cliché, ya veo.
—Se me puede dejar en todas partes. ¡Puedo estar en más de un sitio a la vez!
—Ah, el don de la ubicuidad. ¡Apunta alto usted!
—«Recoge cuatro sellos y el quinto café es gratis».
—«Touché».

The Fabulous Pixartprinting Time Machine es un proyecto editorial realizado por Pixartprinting. Queremos hablar de nuestros productos desde una perspectiva diferente: en este tercer episodio tenemos un invitado extraordinario: la tarjeta de visita.

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