Un breve examen del cartel de protesta

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El diseño de carteles cuenta con una historia destacada en Europa y Estados Unidos. Con el impacto rápido y contundente que tienen los carteles sobre un público amplio, ocupan un lugar especial en el corazón de la mayoría de los diseñadores gráficos. A todos los demás nos gustan los carteles como parte de la variedad y riqueza visual cotidiana de nuestras calles y el entorno.  Los carteles de protesta tienen su propia historia. Su diseño —a menudo un tanto «amateur» para difundir el mensaje con rapidez— tiende a transmitir una sensación de inmediatez que le confiere al mensaje una urgencia irresistible.

El diseño actúa como medio de protesta al informar a la población de una injusticia, instándole a apoyar una causa y generando solidaridad. Le da voz al ciudadano de a pie, capta la atención, encapsula un tema candente, exhorta, inspira y reafirma. Los carteles de protesta nunca han sido una actividad de diseño exclusiva o principalmente profesional: cualquiera puede hacerse con unas tijeras y papel, y coger un pincel para apoyar una causa. En el pasado, la mayoría de los carteles de protesta se hacían de este modo «analógico» y de «baja fidelidad». Actualmente, los medios digitales utilizados en el diseño ofrecen a los mensajes de protesta dos canales de distribución, al generar material impreso que puede verse fuera, en el mundo real, además de productos digitales que compartir «online».

Un repaso rápido de las etapas de los carteles de protesta del siglo XX y principios del XXI muestra que, en el fondo, muchas de las cuestiones se reducen a unos pocos temas (aparentemente irresolubles) con independencia de la época. La lucha entre ricos y pobres, la guerra frente a la paz y los conservadores frente a los liberales, por nombrar unos cuantos, se mantienen como denominadores comunes, y tan solo van cambiando con el tiempo los nombres y otros detalles específicos

1931

John Heartfield es, con mucho motivo, famoso por los carteles de protesta satírica que hizo durante la época de la República de Weimar y la II Guerra Mundial en Alemania. En el texto pone: «¡Blanco o negro, unidos en la lucha! Sólo conocemos una raza, sólo conocemos un enemigo: la clase explotadora». Sin mostrar siquiera las caras, Heartfield utiliza dos brazos fuertes con los puños en alto, uno de piel oscura y otro de piel clara, para reflejar su punto de vista decisivo.

© 2007 Artists Rights Society (ARS), New York / VGBK, Bonn 

1936–1939

Este cartel de protesta de la guerra civil española, del que no consta la autoría, dice en francés: «¿Qué estás haciendo tú para impedir esto?». Fue editado por el Ministerio de Propaganda de Madrid como petición de ayuda extranjera para luchar contra la revolución nacionalista del General Francisco Franco. La composición recuerda al constructivismo ruso, aunque el mensaje no es parte del idealismo constructivista ni la promesa de un futuro mejor, sino una conmovedora petición de ayuda, ahora.

ARTstor /University of California, San Diego

1967

El fundador de Pushpin Studios, Seymour Chwast, hizo este devastador cartel para protestar por la participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. El Tío Sam, que tan familiar nos resulta por los carteles de James Montgomery Flagg para el reclutamiento en la Primera Guerra Mundial, adopta un aire siniestro mediante unas imágenes contundentes (una boca abierta llena de aviones de bombardeo) y una paleta de colores estridentes.

The Museum of Modern Art

1985

Las Guerrilla Girls denuncian el sexismo, el racismo y la corrupción que se dan en la política, el arte, las películas y la cultura popular a través de una hábil combinación de hechos, humor e imágenes indignantes. Esta combinación de la obra de Jean-Auguste-Dominique Ingres, La Gran Odalisca, de 1814, y la máscara fea y humorística de las Guerrilla Girls pone el dedo en la llaga: las mujeres (que están claramente infrarrepresentadas en las colecciones de los museos) son artistas, no meros temas de inspiración para los artistas.

ARTStor/Smith College Museum of Art 

 2004

Cuando el Partido Republicano celebró su convención nacional de 2004 en la ciudad de Nueva York, los manifestantes realizaron una serie de marchas, mítines, actuaciones, demostraciones, exhibiciones y actos de desobediencia civil para protestar contra el nombramiento del presidente George W. Bush como candidato del partido a la presidencia. Este cartel recurre al rudimentario bocadillo de las historietas para denunciar una de las cuestiones fundamentales: el coste humano de la guerra junto con el gasto en una época de déficit económico.

Jonathan McIntosh

2008

Este cartel de protesta contra la guerra de Irak, de corte casero y muy inteligente, hace uso de un par de enfoques únicos: el crear en la parte inferior un espacio en blanco para escribir a mano información que se puede ir actualizando en las nuevas copias del cartel (como con los carteles de la lotería en los que hay que ir modificando el importe del bote) y la cita de una fuente de información fiable.

Random McRandomhead

2009

En este cartel contra la guerra de Irak, se muestra otro punto de vista, además de una táctica de diseño totalmente diferente. De hecho, aquí no hay prácticamente ningún intento de diseño real. La jerarquía sitúa el nombre del Partido Verde en la parte superior, para que se sepa de inmediato quién realiza la protesta y, al llamar al conflicto «Guerras energéticas», ya queda clara cuál es la objeción. Simple pero eficaz.

peace.mar

2011

Cualquiera que esté familiarizado con el software de diseño de páginas tal vez pueda hacer este cartel en 10 minutos y poder así difundir el mensaje en media hora. Sin embargo, al igual que en gran parte de las protestas de Occupy Wall Street, aunque el texto sea sumamente directo, el mensaje es confuso y no queda claro el resultado deseado. ¿Quiénes son los adversarios y por qué se oponen a ellos? ¿Qué es lo que quiere que suceda ese 99 %? Sin identificar estos hechos básicos subyacentes y el resultado, ni aclarárselos al público destinatario, no sucederá nada. La comunicación, la responsabilidad más básica de un cartel, brilla por su ausencia.

Zenhaus

2017

Aquí tenemos el clásico trabajo «amateur», pegado en el lateral de un cajetín de señales para el tráfico, que reúne todas las características de un cartel de protesta. Su diseño básico impreso en papel de copia amarillo oro utiliza la fuente «sans serif» en negrita y el clásico círculo con una barra cruzada, símbolo universal del NO (a cualquier cosa que haya debajo) superpuesta a la cara de Donald Trump. Su llamamiento para que los ciudadanos participen en una protesta de emergencia adquiere credibilidad al estar claramente definido el objetivo. Al añadir el URL, la dirección de correo electrónico y el teléfono de contacto del organizador, la iniciativa transmite mayor sensación de seriedad y validez. ¡Para quitarse el sombrero!

Anti Trump poster 2017. Wikimedia Commons

 

 

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