Cinco máquinas que han cambiado el mundo de la impresión

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Ideas, iniciativas empresariales, descuidos clamorosos, patentes, inventores, etc. Estos son solo algunos de los ingredientes de las historias que vamos a contaros: os presentamos cinco máquinas que, desde el siglo XIX, han revolucionado el mundo de la impresión.

Tipógrafos, científicos e inventores nunca han dejado de intentar mejorar el fantástico invento de Gutenberg: la imprenta de tipos móviles. En concreto, desde el siglo XIX, se han inventado máquinas muy ingeniosas que han tratado de facilitar las tareas relacionadas con la impresión, tales como: la composición de las páginas, la creación de los caracteres y la impresión propiamente dicha.

La linotipia, la rotativa, la impresora offset y la lumitipia son algunos de los inventos que, por distintas razones, tuvieron más éxito y ayudaron a definir lo que hoy llamamos «impresión». Estas máquinas permitieron que se pudiera imprimir más, más rápido y de forma más eficiente, acompañando a la impresión desde la revolución industrial a la digital.

La rotativa

Unos rodillos enormes por los que pasan los periódicos recién impresos a una velocidad vertiginosa. ¿Quién no tiene esta imagen en la cabeza? Actualmente, todos tenemos muy presente qué son las rotativas, pero esta máquina se inventó relativamente tarde dentro de la historia de la impresión. De hecho, fue en el siglo XIX cuando se empezó a pensar en un sistema que sustituyese a la prensa tipográfica que, básicamente, no había cambiado desde la época de Gutenberg.

La idea es muy simple: sustituir todas las superficies planas de la prensa con cilindros en rotación. Un cilindro tiene la forma entintada y el otro, el papel. Puede parecer poca cosa, pero pasar de una prensa tipográfica plana al cilindro revolucionó el mundo de la impresión y permitió aprovechar de forma mucho más eficaz los descubrimientos de la revolución industrial: la máquina de vapor y, posteriormente, la energía eléctrica. Todo se volvió más rápido, más grande, más eficiente: se da inicio a la impresión como proceso industrial.

Hasta aquí se llegó de forma gradual y por una suma de intuiciones.

En 1814, el inventor alemán Friedrich Koenig creó la primera prensa de cilindro plano impulsada por vapor. Esta prensa permitía aumentar la velocidad de impresión de 300 a 1100 hojas por hora. Treinta años después, el estadounidense Richard March Hoe tomó este invento y lo mejoró creando la primera rotativa propiamente dicha. Algunos años después, se sustituyeron las hojas sueltas por bobinas, es decir, grandes rollos de papel.

Rotativa de seis cilindros de la década de 1860.

La primera rotativa de este tipo se instaló en el Times de Londes en 1870: podía producir 12 000 pliegos de 4 páginas por hora. Actualmente, algunas rotativas mueven el papel a unos 30 km/h e imprimen más de 60 000 copias por hora.

La máquina de impresión offset sobre papel

Esta que veis aquí es la primera impresora offset sobre papel y surgió a raíz de un error. Pero eso os lo contamos un poco más tarde.

Impresora litográfica offset de Rubel (Imagen: Museo Nacional de Historia Estadounidense)

La técnica de impresión offset es una de las invenciones que hizo posible el mecanismo de la rotativa. Se basa en tres cilindros: la imagen se transfiere de la forma entintada a un cilindro intermedio recubierto de tejido engomado (caucho) y de este, al material de impresión.

La transferencia de la imagen al caucho surgió por un descuido. En 1901, el litógrafo estadounidense Ira Washington Rubel se olvidó de poner el papel en la prensa litográfica que estaba usando y la imagen quedó impresa en el caucho del cilindro que servía para mantener firme el papel. Cuando se dio cuenta del error, puso el papel entre los cilindros y pudo ver que la impresión desde el cilindro de caucho contaba con una definición mucho mayor que la que ofrecía la matriz de piedra.

Rubel comprendió de inmediato la importancia de lo que había descubierto. Creó la primera impresora offset que usaba esta técnica en una pequeña fábrica de Nueva York. El primer modelo lo compró Union Litographic Company de San Francisco en 1905 y se envió a la costa oeste de EE. UU. Sin embargo, un terrible terremoto en San Francisco y un incendio en el puerto de Oakland retrasaron su llegada y su puesta en marcha, que se produjo en 1907. Imprimía alrededor de 2500 hojas por hora.

Esta misma máquina se conserva actualmente en el Instituto Smithsonian de Washington (del que también hemos hablado aquí).

Linotipia

Desde la invención de la imprenta hasta la era industrial, hubo una actividad que se mantuvo inalterada durante cuatro siglos: la composición de las páginas.

Imagen: Instituto Smithsonian

Tanto en los animados talleres de los editores del siglo XV como en las grandes imprentas del siglo XIX, el compositor trabajaba manualmente, ordenando caracter por caracter y formando las líneas que se iban a imprimir. Una vez estaba todo compuesto, se entintaba y se mandaba a impresión, y, una vez envidada, el compositor descomponía la página.

Con la invención de la máquina de vapor y el inicio de la revolución industrial, se intentó mecanizar esta operación, pero, durante muchos años, las invenciones se sucedieron sin lograr éxito. Entonces, llegó la linotipia.

Inventada en 1881 por un alemán que emigró a los Estados Unidos, Ottmar Mergenthaler, la linotipia (contracción de «línea de tipos», es decir, línea de caracteres) revolucionó el mundo de la impresión y se extendió en muy pocos años.

Fue la primera máquina que hacía una composición tipográfica automática: se trataba de una especie de máquina de escribir conectada a una fundición en miniatura. El linotipista tecleaba el texto con un teclado. Al presionar una tecla, se liberaba la matriz del caracter correspondiente y esta «caía» sobre una línea de texto. Una vez que se completaba la línea, esta se transportaba automática a otra zona de la máquina donde se vertía metal fundido en las matrices. Así se formaba una línea completa. Por último, se entintaban las líneas y se usaban para imprimir los caracteres sobre el papel.

En este interesante vídeo, se puede ver como una máquina histórica del Museo de la Imprenta y de la Comunicación gráfica de Lyon, Francia, desarrolla todos estos pasos:

La primera linotipia se instaló en 1886 en el New York Tribune. La máquina era extremadamente compleja ya que se componía de miles y miles de piezas. Además, desde su invención, no se paró de realizarle mejoras continuas con un gran espíritu emprendedor (aquí podéis encontrar un interesante análisis de un entusiasta).

En 1889, la linotipia ganó el «Gran Premio» de la Exposición mundial de París y, en pocos años, ya estaba implantada en casi todas las imprentas del mundo. Esta extraordinaria máquina empezó a caer en desuso solo con la llegada de la fotocomposición en los años 70.

La lumitipia y la fotocomposición

A mediados del siglo XX, el proceso de composición «en caliente» de la linotipia se empieza a sustituir por la composición «en frío». Esto supuso otra revolución: nace la fotocomposición. Se acabaron las líneas de caracteres fundidas en el momento. La composición de la página se realiza en una máquina y a través de una imagen impresa sobre una película.

Lumitype 550 de 1965 (Imagen: Rama [CC BY-SA 3.0]).
Desde la película era más fácil imprimir las planchas que se utilizan en la impresión offset.

La primera máquina para realizar la fotocomposición se llamó lumitipia y la inventaron dos ingenieros eléctricos franceses en 1946: René Higonnet y Louis Moyroud. Sin embargo, ambos tuvieron que trasladarse a los Estados Unidos para encontrar a alguien interesado en su invento: nació la Lumitype Photon, producida por Lithomat en Nueva York en 1949.

El primer libro totalmente maquetado con fotocomposición se tituló «The Wonderful World of Insects» y en la contraportada aparecen estas palabras: «Nos enorgullece que este libro haya sido el elegido para ser la primera obra compuesta con esta máquina revolucionaria…».

La fotocomposición en los años 70 se vuelve más económica y libera la creatividad incluso de las pequeñas imprentas: era posible utilizar una cantidad de fuentes inimaginables en el pasado, se podían imprimir en cualquier tamaño y eran mucho más fáciles de componer junto a imágenes y diseños.

El ordenador

La responsable del declive de la fotocomposición fue otra máquina extraordinaria: el ordenador.

Apple Macintosh de 1984. Imagen: Smithsonian Institute

A partir de los años 80, la difusión de las herramientas informáticas permitió componer la página en una pantalla de visualización.  Se utilizaba la técnica Computer to film, que permite utilizar la película para crear las formas de impresión. O también la técnica Computer to plate, con la que se puede obtener directamente las formas de impresión, eliminando todos los pasos de la fotocomposición (montaje, exposición y revelado de las películas, y exposición y revelado de las planchas).

Los ordenadores personales están ya casi en cada casa, lo que hace posible que cualquiera pueda diseñar sus propios documentos y, con la invención de las impresoras de inyección de tinta y láser, también imprimir en su propia casa. Es el inicio de la revolución digital… pero esta es otra historia.

 ¿Cuál será la próxima máquina que cambie por completo el mundo de la impresión?

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