El arte de la enmarcación con cartón

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Traspasar la puerta de Inventory Barcelona significa hacer un ejercicio muy grande de contención, porque es de esas tiendas en las que te lo comprarías todo. Sus fundadores, el interiorista Allan Stuart y el artista Gabriel Pereyra, tienen un gusto exquisito para la decoración, y desde hace cinco años lo comparten con los clientes que se acercan a este local ubicado en uno de los barrios más bohemios de Barcelona, en lo que antiguamente era la zona de teñido y lavado de una fábrica textil, en busca de mobiliario, lámparas, textiles, pósteres y mapas, libros de arte, objetos de menaje y papelería, entre otros productos.

Pero sin duda, uno de los rincones que más llama la atención es el taller de enmarcación, del que se encarga Gabriel, artífice de unos insólitos marcos de cartón para pinturas y espejos. “Mi relación con el cartón quizás empezó en Argentina [su tierra natal], con los cartoneros. Eran personajes llamativos porque iban por medio de la ciudad arrastrando carros con pilas de cartones”, explica.

Derechos de autor: Gabriel Pereyra

Gabriel pinta y dibuja compulsivamente desde que tiene uso de razón. Aunque estudió Psicología, lo cierto es que su pasión era el arte, por eso un buen día decidió hacer las maletas y plantarse en Nueva York para ingresar en la Art Students League, atraído por las enseñanzas de un profesor que había sido discípulo directo del pintor expresionista alemán George Grosz. De vuelta a Argentina, montó una tienda de marcos con su familia, pero el destino, y su admiración por el pintor Diego Velázquez, confiesa, le llevaron a Barcelona con 38 años.

Fue en España donde perfeccionó el arte de la enmarcación “trabajando en talleres en los que tenía acceso a todo tipo de marcos antiguos”. Y también donde conoció a su mujer, finlandesa. En una visita a Helsinki, Gabriel vio una muestra de muebles de cartón y quedó fascinado: “Me llamó mucho la atención que el material se viera, y que eran muebles que se podían usar, entonces me pregunté si podía hacer marcos de cartón antiguos”, nos cuenta.

Derechos de autor: Gabriel Pereyra

Ese fue el comienzo de un recorrido que, según el artista argentino, no tiene límite. “Empecé utilizando cartón reciclado, como el que puedes encontrar en la calle, pero luego compré planchas de cartón corrugado, que es un poco más duro, más resistente, porque a medida que te vas perfeccionando te vuelves más exigente”. Lo que hace es ‘sacarle la piel’ a las planchas, podríamos decir, para que las ondulaciones del cartón queden al descubierto. Para dar forma abombada al marco, emplea tubos grandes, como los que se utilizan para guardar fotografías o pósteres, cortados por la mitad. Y, finalmente lo pinta “para que tome fuerza”.

Derechos de autor: Gabriel Pereyra

Recientemente, Gabriel, artista multidisciplinar, también ha empleado el cartón para crear unas coloridas obras geométricas más cercanas a la escultura que a la pintura. Algunas, de hasta dos metros. Y también está vendiendo en Inventory Barcelona unos pequeños dibujos de papel con marcos que parecen de madera, firmados bajo el pseudónimo de Peyrone. “Me inventé un alter ego para poder convertir algunos de mis trabajos en productos de mercado que se pudieran reproducir una y otra vez para poderlos vender a un buen precio”.

Eso le permite poder hacer trabajos más personales, eclécticos, como pinturas en acuarela, que muestra en Instagram, sin tener que pensar en el dinero. Gabriel lo expresa abiertamente: “No tengo un rechazo hacia el dinero, ya me reconcilié con él hace un tiempo. Porque cuando uno es artista parece que tienes que hacer tus obras por amor al arte, que no las puedes pensar como un producto de mercado. En cambio, ahora, gracias a la tienda, he hecho un click”. Ahora, lo que le falta, según nos cuenta, es tiempo: “Quiero más tiempo, te lo compro”, propone riendo.

Mientras el jazz, su música favorita, casi una obsesión, sigue sonando de fondo en Inventory Barcelona, Gabriel dice sentirse un privilegiado por poder dedicarse a su pasión: “Muy poca gente puede darse el gusto de hacer lo que quiera. No es fácil salirse de la rueda de la picadora”. Y recomienda “remar, remar todo el tiempo, porque la comodidad es destructiva”. Tomamos nota.

 

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