Packaging: ejemplos que han hecho historia

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Imagina tener entre las manos una lista de la compra que incluye «latitas». ¿En qué pensarías al leer eso? Nosotros, sin pensárnoslo mucho, pensaríamos en la comida húmeda para animales domésticos: esa que se conserva en latas pequeñas de aluminio, para ser exactos. Nos hemos parado a reflexionar sobre este aspecto: en algunos casos, el packaging de un producto coincide con el producto en sí, al menos en la comunicación. Y esto es solo un pequeño indicio de la importancia que tiene.

En este artículo vamos a hablar del diseño de elementos de packaging y, para ello, recordaremos algunos de los que se consideran icónicos, como la botella de Coca-Cola, el tarro de Nutella y el tubo de las Pringles.

Packaging de productos: ejemplos que se han convertido en productos de culto

Normalmente, cuando hacemos la compra en el supermercado, preferimos los productos que, a simple vista, nos inspiran más confianza, que se ven de mejor calidad, más sabrosos y más bonitos. El primer acercamiento al producto es puramente visual. Si este primer encuentro llega a buen puerto, el producto se habrá ganado un hueco en el carro de compra.

El diseño del packaging, la forma en que está envasado el producto, determina en buena parte su éxito o fracaso y es una herramienta crucial para distinguirse de la competencia, para contar la historia de la empresa y su personalidad. ¿Qué modelos de packaging lo han logrado? Aquí vamos a ver algunos que seguro que habrán entrado en tu casa al menos una vez.

Packaging icónico: la botella de Coca-Cola

Empezamos con la historia de la botella de cristal más famosa del mundo: la de la Coca-Cola. Han pasado más de 100 años desde aquel 16 de noviembre de 1915, cuando la Root Glass Company de Terre Haute diseñó la botella contour, una botella de formas redondeadas que recuerdan a una silueta femenina. ¿Qué pautas marcó la empresa? Fueron muy claras: la botella debía ser reconocible incluso con los ojos cerrados o hecha pedazos en el suelo.

Y, de hecho, un estudio de 1949 demuestra que el 99 % de los estadounidenses puede reconocer el producto simplemente por la forma del envase. Y no solo eso, sino que la botella debía ser reconocible incluso entre otras miles: una vez alineadas en los estantes, las botellas de Coca-Cola encajan a la perfección, tocándose solo a la altura de la etiqueta y creando así una banda continua de color rojo que, inevitablemente, capta la atención de los consumidores.

En una carta dirigida a la empresa, Raymond Loewy, padre del diseño moderno, definió la botella de Coca-Cola como el «envase más perfecto».

Con más de 300 000 millones de productos vendidos, la botella de Coca-Cola se ha convertido en todo un objeto de culto. Y no es casualidad:

  • Aparece en muchísimas películas, como «Criadas y señoras», «Al encuentro de Mr. Banks», «Dreamgirls», «La vida secreta de las abejas» y «El curioso caso de Benjamin Button».
  • Andy Warhol la transformó en arte con la serie «Botellas de Coca-Cola verdes». También Howard Finster, Tom Wesselmann, Alberto Murillo, Pakpoom Silaphan, Todd Ford, Debra Franses Bean, Luigi Bona y Daniele Basso la han representado en sus obras.
  • En 1950 es el primer producto comercial en ganarse un puesto en la portada de la revista TIME.

La botella de Coca-Cola también es un ejemplo de packaging que supera su propia función. ¿Un ejemplo? El «bottleneck slide» es una técnica usada por músicos de blues para tocar la guitarra con el cuello de la botella de Coca-Cola. Y eso no es todo: también existe el «juego de la distancia», nacido en los años sesenta, cuando en las botellas se empezó a indicar el nombre de la ciudad en la que la bebida se había embotellado. ¿En qué consistía el juego? Era sencillo: los jóvenes se divertían intentando descubrir quién tenía la botella que venía de más lejos.

Packaging reutilizable: el tarro de Nutella

En 1964, Michele Ferrero inventó una crema de untar a base de avellanas y cacao que estaba destinada a ser una delicia para el paladar: la Nutella. Al año siguiente la lanzaron al mercado alemán con su tarro de cristal: el primero tenía forma cónica, con la base estrecha y dividida en secciones, y tenía una tapa de plástico rojo.

PRIMER TARRO DE NUTELLA, créditos al sitio web de Nutella: https://www.nutella.com/it/it/la-storia-di-nutella#1964
PRIMER TARRO DE NUTELLA, créditos al sitio web de Nutella: https://www.nutella.com/it/it/la-storia-di-nutella#1964

Con el tiempo, el tarro se modificó varias veces, convirtiéndose primero en un envase cilíndrico, luego cúbico y, desde la década del 2000, en barril. A diferencia de lo que hemos visto en el caso de la Coca-Cola, no fue la forma del packaging, cambiada varias veces, lo que transformó al tarro en un objeto de culto. La genial idea fue la de crear un packaging que se pudiese reutilizar como vaso o como recipiente en la cocina. Así, el packaging se convertía en un producto en sí. De hecho, se convirtió en un producto de colección: ¿te acuerdas de la serie de vasos que tenía como protagonistas a los personajes de dibujos animados?

La idea de la reutilización ayudó a la marca no solo a entrar en las casas de mucha gente, sino también a quedarse en ellas mucho tiempo —¡nosotros todavía tenemos en la cocina algún vaso astillado de Los Pitufos!—. También recordamos los vasos personalizados con los nombres de cada uno, o con las expresiones locales que transmiten autenticidad, cercanía y sentido de pertenencia.

El packaging se convierte en una herramienta capaz de establecer un diálogo con aquellos que consumen el producto y se convierte en un vehículo para transmitir un mensaje. O invita a una interacción, como es el caso de la reciente serie de tarros con las letras del alfabeto: combinando más vasos, se pueden componer palabras o frases. Y, después de las series limitadas, está «Nutella Unica»: un vaso de Nutella personalizado con una gran cantidad de diferentes patrones y colores. Se prevén unos siete millones de vasos con ilustraciones únicas, creadas con un generador de imágenes aleatorio e identificadas por un número de serie.

Personalización, singularidad y reutilización son las tres palabras clave que hay detrás del diseño del packaging de Nutella.

Packaging innovador: el tubo de las Pringles

El envase de las patatas Pringles es, sin duda, un caso de diseño de packaging digno de análisis, ya que se trata de una combinación perfecta entre funcionalidad y originalidad.

Fue diseñado en 1966 por el químico Fred Baur y patentado en 1970. En primer lugar, las Pringles se distinguen de las tradicionales patatas fritas porque, en realidad, no son patatas fritas, sino una mezcla de varias harinas y aromas. También son diferentes de las patatas tradicionales en la forma, que es regular y está diseñada para que se puedan apilar.

El envase que Baur diseñó para estas «patatas no patatas» es un tubo de cartón rígido y una tapa de plástico, genial e innovador por varias razones:

  • En su interior, las patatas permanecen apiladas y no se rompen, a diferencia de las que vienen en bolsas;
  • La tapa ayuda a conservar el producto más tiempo;
  • El diseño del tubo permite el apilamiento de los productos durante su transporte, de tal forma que se pueden incluir más envases y ahorrar gastos de envío;
  • El envase se distingue del de cualquier otro producto similar, haciendo que las Pringles sean inmediatamente reconocibles.

Y no solo eso: el packaging también determina una nueva experiencia del producto, ya que las patatas no se sacan del envase una por una, sino que se deslizan fuera del tubo (inclinándolo) por sí solas; no somos nosotros quienes vamos al producto, sino que es el producto el que se acerca a nosotros. ¡Una buena diferencia!

Te dejamos con una última curiosidad. Fred Baur estaba tan orgulloso de su creación que, antes de su muerte, expresó un deseo: quería que sus cenizas se enterrasen en un tubo de Pringles. Si te lo estás preguntando, la respuesta es sí: sus hijos respetaron su voluntad.

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