AEdicola Lambrate: cuando la cultura baja a pie de calle y se convierte en un medio de encuentro social

AEdicola Lambrate: cuando la cultura baja a pie de calle y se convierte en un medio de encuentro social

Massimiliano Santolin Publicado el 6/9/2026

AEdicola Lambrate: cuando la cultura baja a pie de calle y se convierte en un medio de encuentro social

¿Puede un simple quiosco de libros y periódicos convertirse en portavoz de un proyecto de innovación social y cultural, plantando cara a la gentrificación de los barrios en las grandes ciudades? Esta es la apuesta sobre la que se asientan los cimientos de AEdicola Lambrate, nacida de las cenizas del histórico quiosco de la calle Conte Rosso —en el barrio milanés de Lambrate—, que cerró a finales de 2022 tras al menos 70 años de actividad.

El proyecto, ideado por un grupo formado por Paolo Iabichino, Alioscia Bisceglia, Martina Pomponio y Michele Lupi —al que más tarde se sumó Alessandro Ghidini, periodista y ahora también quiosquero al frente de AEdicola—, es de lo más ambicioso. El objetivo es transformar el quiosco: dejar de ser un mero punto de venta de periódicos y revistas para convertirse en un lugar de encuentro donde la gente pueda salir de la soledad urbana y cultivar esos «humildes pero vitales rituales» que, como escribe Alessandro en una de sus newsletters, nos hacen sentir auténticos.

Inaugurada el 25 de abril de 2024 —una fecha que, como veremos, no se eligió al azar—, en poco más de dos años de actividad AEdicola Lambrate se ha convertido en un auténtico «bastión cultural», en palabras de sus fundadores. Un punto de encuentro donde los vecinos de Lambrate y cualquier amante del papel y la escritura pueden asistir a lecturas y debates, intercambiar ideas, participar en talleres y escuchar conciertos y programas de radio. En mayo de 2026 lanzó también su primer festival editorial y de lectura al aire libre, Carta Canta, financiado a través de una campaña de micromecenazgo en la plataforma Rete del Dono y respaldado por la Fondazione di Comunità Milano. Además de la prensa habitual de los quioscos tradicionales, las estanterías del puesto de la calle Conte Rosso albergan una cuidada selección de títulos de pequeñas editoriales independientes elegidos al detalle por Alessandro.

AEdicola-Lambrate. Imagen cedida por Alessandro Ghidini, de Aedicola Lambrate. Todos los derechos reservados.

AEdicola Lambrate es un lugar —un «pequeño templo de la cultura», si nos dejamos guiar por la etimología latina que sugiere su nombre— en el que el papel vuelve a ejercer su función principal: la de vehículo para expresar y hacer circular las ideas. Pero, además, adquiere un valor social al fomentar formas de encuentro e intercambio presenciales que se oponen a las lógicas alienantes de la desmaterialización digital.

Un oasis urbano con aroma a papel y palabras donde la gente, sin prisas, puede charlar tranquilamente sobre libros y revistas, participar en un taller de escritura o debatir sobre la Constitución italiana. Recuperando así ese sentido crítico y de responsabilidad civil que parecemos haber perdido en el «espacio gris» que separa los medios digitales de la vida real.

Alessandro, ser quiosquero es un oficio duro que supone despertarse al alba y bajar la persiana a última hora de la tarde a cambio de unos ingresos bastante bajos. ¿Por qué decidiste, siendo periodista, convertirte en quiosquero al frente de AEdicola?

Aunque sigo escribiendo artículos para algunas cabeceras, AEdicola se ha convertido en mi profesión principal. No puedo negar que este trabajo tiene una vertiente muy física: estar de pie, cargar peso, pasar frío en invierno o calor en verano. Sin embargo, creo que también tiene un fuerte trasfondo social: no nos limitamos a vender periódicos o libros, sino que hablamos con los clientes y escuchamos sus historias. En una sociedad que ha perdido la costumbre de relacionarse con los individuos como personas y no como «funciones», considero que este oficio se ha vuelto todavía más valioso.

Hoy en día es necesario recuperar esas figuras de mediación humana que logran forjar un vínculo directo con ciertos entornos sociales y poner en valor las relaciones personales. En estos dos últimos años, los chicos de AEdicola Lambrate y yo hemos trabajado en este modelo comunitario, convirtiendo el quiosco en un punto de encuentro abierto a todo el mundo donde leer, intercambiar ideas y, por qué no, entablar nuevas amistades. Tras dos años de camino, estamos recogiendo los frutos de nuestro esfuerzo, también desde el punto de vista económico, y me siento muy orgulloso de los resultados que hemos alcanzado hasta ahora.

Acabáis de clausurar Carta Canta, ¿qué tal ha ido?

Carta Canta ha sido un gran laboratorio comunitario que ha brindado a lectores y editores la oportunidad no solo de comprar y vender libros y revistas, sino de conocerse e intercambiar ideas. Decidimos no cobrar entrada al público ni aplicar tasas a las editoriales, además de no cobrar comisiones por las ventas, porque somos conscientes de las dificultades que atraviesa el sector de la edición independiente. Sin la confianza de quienes han apoyado el proyecto —bien financiándolo, bien cediendo espacios para los distintos encuentros—, no habría sido posible sacar adelante un evento de tres días en el que han participado más de cuarenta editoriales.

Derechos de autor: @parolemigranti_traduzione

Creo que habría sido difícil hacerlo mejor dados los recursos disponibles: tuvimos una participación maravillosa de los residentes de Lambrate y otras zonas de Milán y alrededores. Incluso el domingo, que llovía, el público acudió a los encuentros con el paraguas en la mano. Para mí, el momento más bonito fue el sábado, cuando inauguramos la feria de editores y vimos cómo la calle se llenaba de gente. Y también el domingo por la noche, al bajar la persiana de AEdicola, cuando me invadió la sensación de que el evento estaba llegando a su fin, pero no del todo.

El éxito de esta primera edición nos ha demostrado que es perfectamente posible organizar un festival de este tipo, y nuestra intención es repetir la experiencia en los próximos años. Estamos convencidos de que los barrios y las ciudades necesitan una programación continua para poder exprimir al máximo los beneficios de estas iniciativas.

Tras haber elegido abrir AEdicola Lambrate el 25 de abril de 2024 empapelando los escaparates con un único producto, la Constitución Italiana, habéis clausurado Carta Canta leyendo un fragmento de la misma. ¿Qué significa para vosotros hablar de la Constitución en un festival literario?

Para clausurar los eventos en AEdicola, propusimos el formato del pódcast «Cara è la fine» de Rocco Rossitto, invitando a la gente a leer en voz alta el final de un libro que les encantara. Yo elegí leer la última página de nuestra Constitución porque quería recalcar el hecho de que cualquier festival cultural, al igual que la prensa escrita, se asienta sobre dos principios fundamentales: la democracia y la libertad de pensamiento. Nuestra AEdicola se inspira en estos valores; por eso, no nos prestamos a campañas de marketing ni de imagen de marca promovidas por entidades privadas. Queremos transmitir la idea de que la Constitución, al igual que los demás libros, es una materia viva, impregnada de la humanidad de quien escribe y de quien lee: los lectores contribuimos al mensaje tanto como el propio autor. Con esta y otras iniciativas nos gustaría impulsar un movimiento social donde la lectura se convierta en un nexo de unión que ayude a la gente a estrechar lazos.

AEdicola Lambrate empapelada con ejemplares de la Constitución Italiana con motivo de su inauguración el 25 de abril de 2024. Imagen cedida por Alessandro Ghidini, de Aedicola Lambrate. Todos los derechos reservados.

Mitad quiosco, mitad librería independiente, pero sobre todo un espacio de encuentro para adultos y niños. ¿Es difícil hoy en día utilizar el papel como punto de partida para forjar relaciones con y entre las personas, y (re)crear un sentido de comunidad y participación entre los vecinos?

Siempre es una gran apuesta, porque para sacar adelante un proyecto independiente

hace falta mantener una identidad muy fuerte, tener una visión clara de tu misión y defenderla con coherencia. Después, es completamente normal que algunas personas se sientan identificadas con ella, mientras que otras, en cambio, prefieran distanciarse.

El arquitecto Marco Casagrande utilizó el término «acupuntura urbana» para definir un enfoque alternativo a los grandes proyectos de renovación urbanística. Este enfoque es capaz de implicar a la comunidad local y anima a los vecinos a participar en el proceso creativo, utilizando los espacios de la ciudad para distintos fines y transformando el entorno que los rodea a su antojo. Gracias a esta estrategia, una intervención a pequeña escala puede lograr una gran repercusión. Pues bien, yo creo que AEdicola Lambrate puede ser uno de esos puntos de acupuntura urbana de la ciudad: la cultura, si es libre y se organiza desde abajo, puede convertirse en una gran red de bienestar social para nuestras calles y barrios, porque fomenta la participación y crea espacios de encuentro.

Vivimos en una época dominada por una ética del rendimiento, en la que el éxito se mide en términos cuantitativos (número de entradas vendidas, número de veces que se ha compartido o número de megustas), pero creo que el valor de iniciativas como la nuestra —y las de asociaciones, librerías independientes y centros culturales— debe evaluarse de otra manera, teniendo en cuenta su impacto a largo plazo.

En una sociedad en la que muchas fuerzas nos empujan hacia una homogeneización cultural basada en decisiones guiadas por el mercado —pensemos, por ejemplo, en las distribuidoras y las librerías de cadena, que tienden a priorizar a las grandes editoriales en detrimento de las más pequeñas—, nosotros hemos decidido remar contracorriente para fomentar un enfoque de la cultura inclusivo y participativo.

Desde los silent book clubs hasta las presentaciones de libros y los talleres para adultos y niños, vuestro calendario de eventos es completísimo y se dirige a todo tipo de lectores. ¿Cuál ha sido el descubrimiento más inesperado en estos dos años de andadura?

Te cito dos: el primero se remonta a enero de 2025, cuando acogimos el pódcast «Cara è la fine» de Rocco Rossitto. A pesar del frío y la lluvia, 35 personas se presentaron para leer el final de su libro favorito frente a nuestro quiosco. Esto nos demostró que los lectores sienten la necesidad de hacer que los libros formen parte de su vida y de compartirlos con los demás, y que ciertas formas de relacionarse sobreviven a lo digital porque son saludables. El segundo son aquellas personas que tienen la costumbre de venir periódicamente a AEdicola a comprar su periódico o revista preferidos. En un mundo cada vez más inmaterial y acelerado, es todo un acto de resistencia y de fe en el valor de la prensa escrita.

Los estantes de AEdicola Lambrate. Imagen cedida por Alessandro Ghidini, de Aedicola Lambrate. Todos los derechos reservados.

¿A qué retos hay que enfrentarse para hacer cultura «a pie de calle»?

Nosotros creemos en una cultura compartida y horizontal, y brindamos a todo el mundo la oportunidad de acceder a nuestras iniciativas y de ejercer su libertad de pensamiento y expresión sin entradas, ataduras ni barreras de ningún tipo. Debemos dejar de ver la cultura como un fenómeno abstracto y elitista, reservado únicamente a unos pocos ámbitos y personas. Para nosotros, la cultura también son las historias cotidianas y absolutamente extraordinarias que nos tocan de cerca y que decidimos compartir: en estos años he tenido la suerte de escuchar relatos increíbles de la gente que viene a verme. La calle es el lugar idóneo para escucharlas, descubriendo así que incluso lo ordinario tiene su propia dignidad.

¿Cómo seleccionas los libros y las revistas que colocas en las estanterías?

Además de las revistas, los periódicos y los cromos que se venden en los quioscos tradicionales, intento elegir las editoriales independientes más interesantes y de mayor calidad, abarcando temáticas muy diversas. A veces son las propias editoriales las que se ponen en contacto conmigo; en otros casos, en cambio, son los clientes quienes me recomiendan algunos títulos. De todas formas, la gente puede encargar cualquier libro o revista y pedir que se lo traigan a AEdicola, exactamente igual que en una librería.

Una selección de libros recomendada por Alessandro Ghidini, el quiosquero al frente de AEdicola Lambrate. Imagen cedida por Alessandro Ghidini, de Aedicola Lambrate. Todos los derechos reservados.

¿Qué títulos recomendarías a los lectores de Pixartprinting?

Sin duda, PRINTLovers, una revista para editoriales, diseñadores, print buyers (compradores de impresión) y creativos que analiza a fondo técnicas, tendencias y materiales de todos los sectores de la imprenta y el diseño. También el semestral Selvatico, que indaga en un tema específico a través de entrevistas, ensayos fotográficos y relatos cortos, con un enfoque que mezcla arte, diseño, escritura e imagen. Por último, recomiendo echar un vistazo a la editorial Italo Svevo, que cuida al detalle el diseño editorial y la calidad de sus libros.

¿Alguien, dentro o fuera de Milán, ha intentado replicar vuestro modelo para frenar el declive inexorable de los quioscos de barrio?

Un quiosco de Lecce está considerando abrir un puesto con el logo de AEdicola Lambrate, y varios quiosqueros y libreros de distintas ciudades italianas nos han escrito para pedirnos consejo sobre cómo organizar iniciativas y eventos similares a los nuestros. El nuestro es un modelo replicable en cualquier lugar y por cualquiera que tenga ganas de llevar la cultura a las calles para fomentar la lectura, el sentido crítico y la participación ciudadana.

Quienes deseen participar en las iniciativas de AEdicola Lambrate pueden suscribirse a su boletín informativo o seguir el perfil de Instagram @aedicola_lambrate para mantenerse al tanto de todos los eventos.

Agradecemos a Aedicola Lambrate y al entrevistado, Alessandro Ghidini, por habernos facilitado amablemente las imágenes y habernos permitido utilizarlas en este artículo.