Futurismo y diseño gráfico: la revolución tipográfica y los increíbles libros objeto

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El Futurismo surge en un periodo de gran efervescencia como un movimiento revolucionario cuya finalidad era renovar todas las formas artísticas de manera coherente con las innovaciones tecnológicas e industriales que se estaban perfilando. El Futurismo hacía hincapié en la velocidad, la tecnología, la juventud y la violencia y en objetos que encarnaban estas cualidades, como el automóvil, el avión y, en general, la ciudad industrial. Había que romper con las tradiciones del pasado para concentrarse en el dinámico presente.

La revolución tipográfica liderada por Filippo Tommaso Marinetti

Entre 1909 y 1944, años que se suelen vincular al comienzo y el final del Futurismo en Italia, el tratamiento de la caligrafía, los caracteres tipográficos y la tipografía atestigua el espíritu de ruptura con el pasado. En efecto, se asiste a un rechazo de las convenciones tipográficas, así como literarias, que se había consolidado a lo largo de los siglos, en favor de composiciones más expresivas y menos racionales. Así, la disposición de las letras sobre la página debía reproducir visualmente enunciados y expresiones verbales.

La revolución tipográfica futurista comienza en 1912, cuando Filippo Tommaso Marinetti compone las primeras «palabras en libertad»: creaciones en las que las palabras no tienen ningún vínculo sintáctico ni gramatical entre sí, ni están organizadas en frases y párrafos. El estilo es revolucionario desde el punto de vista tanto fonético como visual. La sonoridad de las palabras, a menudo onomatopéyicas, y su tratamiento tipográfico sobre la página son elementos de importancia primaria, en una unión entre literatura, música y arte visual.

Filippo Tommaso Marinetti, Montagne + Vallate + Strade x Joffre (Montañas + Valles + Calles x Joffre) (1915)

Un ejemplo de uso libre de las palabras aparece en el libro Zang Tumb Tumb (1914) de Filippo Tommaso Marinetti, en el cual se celebra la Batalla de Trípoli. El título evoca los sonidos mecánicos de la guerra —artillería, bombardeos, explosiones, etc.—. Por su parte, la tipografía refleja el poder rudo y evocador del lenguaje. En lugar de seguir las reglas sintácticas y de puntuación consolidadas, las letras viven y se expresan sobre la página.

Filippo Tommaso Marinetti, Zang Tumb Tumb (1914)

El libro futurista

En el manifiesto Distruzione della Sintassi – Immaginazione senza fili (Destrucción de la sintaxis: imaginación sin hilos), Marinetti escribe:

 «Yo empiezo una revolución tipográfica directa contra la bestial y tediosa concepción del libro de versos pasadista y dannunziana, el papel de tina del siglo XVII, adornado con helechos y pavones, hortalizas, cintas mitológicas de misal, epígrafos y números romanos. El libro debe ser la expresión futurista de nuestro pensamiento futurista […]. Mi revolución se dirige contra la llamada armonía de la página».

Por tanto, la revolución gráfica del Futurismo no se limita a la página, sino que se aplica a todo el libro. Así, en las décadas de 1920 y 1930, las experimentaciones gráficas de los futuristas se amplían a las formas, las encuadernaciones, los materiales y la impresión de libros, entendidos como auténticos objetos.

En 1927 Fortunato Depero, pintor, escultor y diseñador futurista, publica el libro Depero futurista, una recopilación de sus experimentos tipográficos, carteles publicitarios, tapices y demás trabajos. Depero futurista se presenta como una evolución de la tipografía futurista iniciada por Marinetti, y como el primer libro objeto.

Fortunato Depero, Depero Futurista (1927)

Poblado de atrevidas experimentaciones gráficas, maquetaciones innovadoras y trabajos de todos los campos artísticos, Depero futurista también es conocido como el Libro empernado, al estar encuadernado mediante dos grandes pernos industriales.

La reflexión sobre la forma del libro se amplía a los materiales. El mito del automóvil y de las aeronaves sugiere el metal como uno de los materiales que más representan el espíritu futurista. En este contexto, la «Lito-Lata» de Zinola, que surgió como taller mecánico para producir cajas y latas metálicas litografiadas, se convierte en un centro de agregación artística futurista. La Lito-Lata salta a la fama por haber imprimido dos conocidos libros objeto litografiados directamente sobre lata: Palabras en libertad futuristas-táctiles-térmicas-olfativas (Parole in libertà futuriste-tattili-termiche-olfattive) de Filippo Tommaso Marinetti (1932) y L’anguria lirica. Lungo poema passionale (La sandía lírica. Largo poema pasional) de Tullio d’Albisola (1934).

La maquetación de Parole in libertà futuriste-tattili-termiche-olfattive es una sorpresa constante; al mismo tiempo, enfatiza el carácter material del libro y supera su rigidez con composiciones explosivas y dinámicas.

Filippo Tommaso Marinetti, Parole in libertà futuriste-tattili-termiche-olfattive (1932)
Filippo Tommaso Marinetti, Parole in libertà futuriste-tattili-termiche-olfattive (1932)
Filippo Tommaso Marinetti, Parole in libertà futuriste-tattili-termiche-olfattive (1932)

L’anguria Lirica de Tullio d’Albisola presenta poesías de Tullio d’Albisola que usan de forma libre las palabras, acompañadas cada una de ellas de un dibujo de Bruno Munari, y fue impreso en 101 ejemplares ensamblados a mano.

Tullio d’Albisola, L’anguria lirica. Lungo poema passionale (1934)

Bruno Munari, hoy en día recordado sobre todo por su trabajo en los años 60 y 70, comienza su carrera como diseñador en los años del Futurismo produciendo obras menos conocidas, pero no menos geniales.

En 1937 presta su contribución al «Almanacco anti-Letterario Bompiani» (Almanaque antiliterario Bompiani) encargándose del montaje fotográfico del suplemento titulado «Udite! Udite!» (¡Escuchad! ¡Escuchad!), compuesto por leyendas tomadas de frases de Mussolini introducidas en páginas con un orificio circular orientado al rostro del Duce como si fuera un prismático, de manera que su rostro estuviese permanentemente presente durante la lectura.

Bruno Munari, Almanacco anti-Letterario Bompiani (1937)
Bruno Munari, Almanacco anti-Letterario Bompiani (1937)

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