Gibellina Photoroad. cuando la fotografía dialoga con la ciudad

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«La fotografía es un arte negro, como la alquimia. Transforma la materia en espíritu y el espíritu en materia». 

Las palabras del poeta y premio Pulitzer Charles Simic en La vida de las imágenes parecen arraigar con especial ímpetu en esa tierra en la que la «materia» se ha descompuesto hasta convertirse en polvo y escombros. Si, en medio de ellos, Gibellina logró levantarse tras el devastador terremoto de 1968, también es gracias a la apuesta por la reconstrucción de una identidad urbana a través del arte contemporáneo. Una apuesta en la que todavía se está trabajando, y que fue ideada y lanzada por el entonces alcalde Leonardo Sciascia, involucrando a artistas de la talla de Mario Schifano, Mimmo Paladino y Arnaldo Pomodoro. Hoy, con 50 obras al aire libre, entre las que se encuentra el conocido Grande Cretto de Alberto Burri —uno de los ejemplos de Land Art más famosos del mundo—, la nueva Gibellina 20 km es un museo al aire libre de gran belleza.

¿Por qué os contamos esta historia? Pues porque es de este lugar único, en el valle siciliano de Belice, desde donde nos llegó un proyecto realmente interesante que merece la pena seguir. Uno de esos en los que la fotografía, como escribía Simic, se convierte en alquimia para transformar una realidad material —la del sujeto que el objetivo observa fijamente— en espíritu, es decir, emoción, historia, alma que vuelve para hacer hablar a un lugar.

Con 32 muestras, 18 exposiciones diseñadas para espacios específicos, talleres y presentaciones, Gibellina PhotoRoad  —el primer festival internacional de fotografía al aire libre en Italia—2016 ha atrajo en verano la atención de la prensa hacia una localidad de 4000 habitantes de la provincia de Trapani, duplicando así su población en el período que duró el evento. Edificios, plazas, calles e iglesias se convirtieron en el escenario de las obras de 45 artistas: maestros de la envergadura de Olivo Barbieri, Letizia Battaglia, Guido Guidi y Mimmo Jodice, junto con talentos emergentes.

La edición 2018 despierta ya cierta expectación sobre en quién tiene puesto el ojo el panorama de la fotografía en Italia. Es por ello que Arianna Catania, fundadora y directora artística del festival, nos adelanta información al respecto y nos habla de la experiencia adquirida hasta el momento.

Una curiosidad: ¿para cuándo la próxima edición?

Para julio de 2018… ¡Estamos en plena fase de recaudación de fondos! Estoy trabajando junto con la asociación On Image de la que soy presidenta, en colaboración con la Fondazione Orestiadi y con un grupo de comisarios de exposiciones de alto nivel. El festival será bienal, con el objetivo de reforzar la colaboración internacional y hacer aún más espectaculares las instalaciones. 

¿Cómo nació el proyecto?

Surgió hace algunos años de una idea que tuve: quería ver renacer esta ciudad única pero aún muy poco valorada, a pesar de su estrecha relación con el arte. La primera edición se realizó gracias a una convocatoria de la Presidencia del Consejo de Ministros promovida por la Fondazione Orestiadi de Gibellina junto con la Galería X3 de Palermo.

Era realmente impactante ver las imágenes insertadas en el contexto urbano.

Sí, imprimimos con Pixartprinting 1500 m² de fotografías de gran tamaño y óptima calidad. Además de las de las exposiciones de Alessandro Calabrese y Alice Grass, era muy escenográfica la impresión de 21 × 7 de la exposición de Valerie Jouve, fijada a la fachada superior del Ayuntamiento de Gibellina: parecía que las ventanas eran reales, dejando casi intuir la vida dentro de sus estancias… Todas las instalaciones estaban estudiadas para dialogar con la arquitectura, que a su vez asumía nueva vida. Es esta relación bidireccional espacio-imagen su característica más original, la cual hace que nuestro festival sea único si se compara con otros que presentan exposiciones al aire libre.             

¿Cómo crees que puede, hoy día, dialogar la fotografía con las ciudades?

Creo que la fotografía, en cuanto a lenguaje extremadamente flexible y dispuesto a romper sus propias fronteras, es el arte más adecuado para adaptarse al espacio urbano. Puede redefinir su identidad, como en Gibellina, pero debe hacerlo entrando de puntillas en el contexto, casi mimetizándose. De lo contrario, solo aumentaría la confusión visual, como ocurre demasiado a menudo, y la percepción de la imagen se vería desviada por elementos perturbadores.

¿Lanzaréis también para el 2018 una convocatoria para artistas?

Habrá dos, una para una instalación al aire libre en una plaza y otra para un proyecto de video mapping en la iglesia matriz de Gibellina. El año pasado, el ábside, una inmensa esfera blanca, se transformó en un planeta por una noche…

A la espera de la próxima edición, podemos ver información actualizada en la página oficial.

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