Herbarios, la Biblia de las plantas

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La obra de la poetisa americana Emily Dickinson (1830-1886) ha sido elogiada como una de las más grandes de habla inglesa de todos los tiempos. Lo que quizás algunos de sus lectores no sepan es que es autora de un documento científico que ha servido como fuente de investigación para muchas generaciones de biólogos y naturalistas de todo el mundo. Lo finalizó en 1845, cuando apenas era una adolescente de 14 años que estudiaba historia natural y astronomía en el Mount Holyoke Female Seminary (Massachusetts), materias que luego impregnarían sus poemas. El manuscrito, de 66 páginas, es un catálogo de 424 especímenes de flores silvestres de la zona y que Dickinson se encargó de recolectar, ordenar y prensar, con los nombres de las plantas escritos en latín con una elegante caligrafía.

Es lo que se conoce como herbario, y este, en concreto, está conservado en la biblioteca de libros raros de la Universidad de Harvard y digitalizado para la consulta del público. Recientemente, además, la editorial española Ya lo dijo Casimiro Parker publicó un libro de fotografías del documento acompañadas por una antología de poemas de Dickinson que giran en torno a las plantas, los árboles y las flores, en edición bilingüe.

¿Qué es un herbario?

En botánica, un herbario (del latín ‘herbarium’) es una colección de especímenes de plantas o partes de plantas preservadas que se etiquetan y almacenan para su estudio, aunque también puede incluir musgos, algas, hongos, líquenes, semillas, polen, trocitos de madera, etc. Las muestras siempre van acompañadas de información crítica como la identidad del recolector, el lugar y fecha de recolección, la apariencia de la planta y el hábitat donde se encontró. La finalidad del herbario es tener representación sistematizada de la diversidad de plantas de una región geográfica concreta en el tiempo y el espacio, por eso es tan importante en investigación botánica.

En la Antigüedad, ya existían botánicos interesados en el estudio de las plantas medicinales y preservaban especímenes representativos de las mismas. Pero la práctica de secarlas y montarlas sobre papel se atribuye a Luca Ghini (1490-1556), profesor de botánica en la Universidad de Bolonia, quien las enviaba por correo. La técnica, muy parecida a la actual, se difundió al resto de Europa a través de sus alumnos y adquirió una gran importancia en siglos posteriores gracias a las expediciones a territorios desconocidos, en las que se recolectaron una gran diversidad de especies.

En la época de Ghini, estos pliegues de papel se conocían como ‘hortus siccus’ (jardín seco) o bien ‘hortus hiemalis’ (jardín de invierno), y no como ‘herbarium’, término reservado para describir los libros de plantas medicinales. Al médico y botánico francés Joseph Pitton de Tournefort (1656-1708) se le atribuye el uso más genérico de la palabra para referirse a colecciones de especímenes vegetales. En estos primeros herbarios, las hojas se encuadernaban en libros, pero el naturalista y taxonomista sueco Carlos Linneo (1707-1778) empezó a almacenarlas apiladas en filas verticales en estantes, y eran los médicos, principalmente, los encargados de custodiarlas.

Con el paso del tiempo, lo que eran fundamentalmente colecciones privadas se fueron depositando en lugares específicamente destinados para albergar miles o incluso millones de ejemplares, también llamados herbarios. Hoy en día existen alrededor de 3.000 herbarios en todo el mundo, la mayoría de ellos asociados a universidades, museos, jardines botánicos u otras instituciones de investigación. El más antiguo lo fundó en Roma en 1532 un alumno de Ghini, Gherardo Cibo (1512-1600), y los más grandes del mundo (con entre 7 y 9,5 millones de especímenes) se encuentran en el Museo de Historia Natural de París (Francia), el Real Jardín Botánico de Kew (Inglaterra), el Jardín Botánico de Nueva York (Estados Unidos) y el Instituto Botánico Komarov, en San Petersburgo (Rusia).

Cómo hacer un herbario doméstico

Aunque se trate de un documento científico, en realidad nosotros también podemos construir un herbario con las plantas de nuestro entorno, hacer composiciones artísticas e incluso acompañarlas de poemas, pensamientos, dibujos o notas. El proceso es muy sencillo y consta de unos pasos básicos.

Preparación de las herramientas

Hay que asegurarse de que contamos con todas las herramientas que vamos a utilizar a lo largo de todo el proceso y, en caso contrario, hacerse con ellas. Por ejemplo, tijeras de podar y normales, bolsas de plástico, papel de periódico o cartón corrugado, etiquetas, lápiz o bolígrafo y, sobre todo, el soporte en el que mostraremos las muestras recolectadas. Podemos construir nuestro propios cuaderno personalizado con hojas o cartulinas gruesas, haciendo agujeros en el margen para insertarlas en una carpeta o unirlas con una cinta o cuerda.

Recolección del material

Es importante conocer la legislación vigente sobre recolección de especies de flora silvestre y los catálogos de aquellas que están amenazadas, puesto que podría estar prohibida en determinadas zonas como espacios naturales protegidos.

El mejor momento del día para coger las muestras es al final de la mañana o a primera hora de la tarde, para que no presenten demasiada sequedad ni humedad excesiva. Hay que hacerlo con la máxima delicadeza, con unas tijeras, tratando de cortar solo la parte que necesitamos para no dañar el resto. A continuación, se guarda en una bolsa de plástico o bien en una caja o cesta si se trata de hongos.

Prensado y secado

Para preparar la planta, es necesario deshidratarla bajo presión lo más rápidamente posible. Existen diferentes procedimientos, pero uno de los más fáciles consiste en poner la muestra sobre unos pliegos de papel de periódico o papel corrugado (cinco o seis). Encima, más pliegos de papel, otra muestra, más pliegos, etc., hasta que cubramos todas las plantas que hayamos recolectado. Al acabar, se coloca un objeto pesado encima, como libros o ladrillos; también se puede fabricar una prensa casera con tablones de madera. Hay que esperar mínimo una semana cambiando los pliegos cada uno o dos días para evitar que se pudran.

Montaje y etiquetado

Una vez secadas, las muestras se fijan en las páginas del cuaderno o las hojas que hayamos escogido con pegamento, cinta adhesiva, alfileres o bien cosiéndola. Ya solo anotar cuidadosamente los datos de la planta: nombre científico, lugar y fecha de recolección, persona que la ha recolectado y cualquier otra información científica que pueda resultar de interés.

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