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¿Qué pasará con los libros de bolsillo económicos?
Nos lo preguntábamos hace poco en un artículo de nuestro blog, donde repasamos la larga historia de este icónico formato. En los años sesenta, los libros de bolsillo prometían poner el saber al alcance de cualquiera en todo el mundo. Hoy, en cambio, parecen haber perdido su atractivo.
Pero ¿es realmente así? Para analizar el estado de salud del libro de bolsillo económico, hemos hablado con uno de los grandes expertos del sector editorial en Italia. Roberto Cicala —autor de I meccanismi dell’editoria. Il mondo dei libri dalla carta all’intelligenza artificiale— es profesor en la Universidad Católica de Milán y en la Universidad de Pavía, donde dirige el máster en edición. Ha publicado con la editorial Il Mulino varias obras, entre ellas Andare per i luoghi dell’editoria, y ha editado textos inéditos de Rodari, Rebora y Vassalli.
En esta extensa entrevista nos explica qué representan hoy los libros de bolsillo, cómo han cambiado los hábitos de los lectores y qué oportunidades tienen los formatos alternativos, como las ediciones limitadas y deluxe.
¡Feliz lectura! (Nunca mejor dicho).

Roberto Cicala, ¿cuál es el «estado de salud» de los libros de bolsillo en el mundo? ¿Hay países donde estén más extendidos o donde vivan una segunda juventud?
Los llamados mass market paperbacks (libros de bolsillo de consumo masivo) están muy extendidos en todo el mundo, pero con niveles de consumo diferentes. No hay una única tendencia. Aunque los libros impresos siguen siendo predominantes frente a los digitales (el mercado de las ediciones en papel representa entre el 60 % y el 80 % frente al libro electrónico), las ediciones en rústica siempre han dominado en cifras a las de tapa dura. Sin embargo, están perdiendo el papel central que tuvieron durante el auge económico posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Por tanto, la salud del libro de bolsillo es bastante buena, pero podríamos decir que es algo delicada; se encuentra mejor o peor según el clima de cada mercado.
Cada vez se habla más de la «crisis del libro de bolsillo». ¿Es realmente así? Si es así, ¿en qué consiste esta crisis y cuáles son los motivos?
Hay factores sociales y económicos que determinan los altibajos del formato de bolsillo, que a veces rozan la crisis. Primero, un dato que coincide con la situación italiana del último año según los datos de la AIE (Associazione Italiana Editori): los ingresos se mantienen, pero esto se debe sobre todo al aumento de los precios, aunque este incremento sea leve a largo plazo si lo comparamos con la inflación. Sin embargo, observamos una erosión de la histórica ventaja competitiva del precio, precisamente porque la diferencia con las ediciones encuadernadas se ha reducido. De hecho, el público reacciona a su manera y ya no parece dispuesto a superar cierta barrera psicológica (por encima de los 15-18 euros) por una edición cuyos materiales no se han cuidado, como suele ocurrir en el formato económico.
De todos modos, la crisis del libro de bolsillo no es un desplome repentino, sino una pérdida de protagonismo que se manifiesta de varias formas. Por ejemplo, tiene menos visibilidad en las librerías, donde hay una rotación altísima de novedades impulsadas por campañas promocionales. El libro de bolsillo requiere más tiempo y encaja peor en esta lógica comercial de venta rápida. También influye el dominio de Amazon con su agresiva política de precios en muchos superventas. Estos títulos recientes, con encuadernaciones de mayor calidad, se ofrecen a precios tan bajos que complican la situación de los libros de bolsillo tradicionales, lastrados por un precio fijo que sube de forma progresiva. Al reducirse la brecha económica entre el formato de bolsillo y los formatos superiores, los lectores suelen optar por libros ligeramente más caros pero con una calidad percibida muy superior.
A esto hay que añadir la piratería digital en un entorno donde la competencia digital está unida a nuevas formas de lectura, como el notable crecimiento de los audiolibros y los pódcast.
Esta pérdida de terreno del libro de bolsillo que describe, ¿es un fenómeno exclusivo del mercado italiano o también ocurre a nivel internacional?
Si miramos fuera de Italia, el libro de bolsillo pasa por dificultades en el mercado estadounidense (casi un 15 % menos en un solo año), donde su cuota en algunos canales no supera el 5-10 % del mercado de librerías. Resisten mejor los trade paperbacks, que son ediciones económicas en un formato más grande y cuidado. Además, como decía, una parte de las ventas de los formatos de bolsillo tradicionales se la están llevando los libros electrónicos y las plataformas de audiolibros.

Por el contrario, el formato de bolsillo sigue fuerte en países donde las ediciones ligeras (como los light romance, derivados del manga) continúan creciendo: es el caso del formato bunkobon, muy extendido y arraigado culturalmente en Japón. El libro económico también resiste, aunque a una escala diferente, en Francia, cuna de los «livres de poche» (y podríamos citar también el caso positivo de Noruega). En América Latina, el precio accesible también ayuda a la difusión de este género editorial popular que, por definición, se vende a un ritmo más lento.
En definitiva, no asistimos a su desaparición, sino a una profunda transformación de su función, de su público y de sus modelos económicos.
¿Hay alguna colección de bolsillo que, en su opinión, haya marcado una época en Italia o en el extranjero? ¿Sería posible repetir ese éxito hoy en día?
En Italia pensamos inmediatamente en la colección Bur (Biblioteca Universale Rizzoli) y en los Oscar de Mondadori. La primera nació en 1949, en plena reconstrucción de la posguerra, con portadas grises pero elegantes y tipografía Bodoni. La segunda utilizaba portadas que parecían carteles de cine y se vendía incluso en quioscos. En el extranjero, la referencia clara es Penguin Books (en el Reino Unido desde 1935), que en realidad se inspiró en un modelo anterior llamado Albatross, editado en Italia para un grupo de editores europeos. Como curiosidad, el precio original de los libros Bur era de 50 liras por cada 100 páginas, y su diseño imitaba la colección alemana Universal Bibliothek de la editorial Reclam de Leipzig. Aunque en Italia, la mítica Biblioteca Universale Sonzogno ya había abierto el camino mucho antes.

Estas colecciones desempeñaron un papel crucial para convertir el libro en un objeto popular y accesible. Ayudaron a acercar a autores clásicos y contemporáneos a un público masivo, fomentando la lectura en espacios cotidianos y quioscos, y no solo en librerías tradicionales.
A pesar de todo, esta idea del libro de bolsillo no desaparece, sino que se está reinventando.
Algunas editoriales apuestan fuerte por las ediciones limitadas y de lujo para alargar el ciclo de vida de los superventas, una función que antes correspondía en exclusiva al libro de bolsillo. ¿Podría ponernos algún ejemplo?
Es una respuesta creativa a las dificultades de un mercado que no consigue crecer, con la excepción de tres géneros: el romance, la fantasía y la novela gráfica.
Se trata de un apego a la materialidad del libro como objeto. A menudo valoramos un libro por la percepción externa de su formato, su grosor y la calidad de sus acabados. Estos elementos nos ayudan a dar valor al propio contenido que, por naturaleza, es inmaterial, como la palabra. Ahí radica el rechazo hacia el libro de bolsillo: si resulta demasiado caro a pesar de su escasa calidad de materiales, pierde valor para el lector. Por eso, algunas editoriales recurren a ediciones limitadas y de lujo para prolongar el ciclo de vida de los superventas o de los libros que más aprecian, una función que en el pasado correspondía exclusivamente al formato de bolsillo.
Estas ediciones deluxe suelen caracterizarse por tiradas limitadas y numeradas, papel de alta calidad, ilustraciones artísticas, cubiertas con acabados especiales (como relieves o estampaciones térmicas), o incluso cantos decorados y tintados. Están dirigidas a coleccionistas o aficionados. No siempre se trata de una producción artesanal de alta gama, pero esa es la idea que transmiten.
En el pasado, las tiradas limitadas eran propias del arte y la poesía, como las ediciones de Scheiwiller (All’insegna del Pesce d’Oro), muy valoradas por los bibliófilos. Hoy en día, impresores como Alberto Casiraghy (bajo el sello Pulcinoelefante) realizan ediciones limitadas de unas treinta copias y pocas páginas que incluyen una lámina original, todo un ejemplo de alta calidad artesanal y mimo por el detalle. También podemos pensar en impresores como Henry Beyle o —en el nivel más alto de la composición con tipos móviles— en Tallone.
Este tipo de estrategias son una forma de dar valor a la obra y diferenciar el producto, yendo más allá del ciclo comercial habitual del libro de bolsillo o del libro convencional de librería. Esto también se aplica a los superventas: no solo se venden de forma masiva en ediciones económicas, sino que pueden generar ingresos adicionales y mantener el interés a lo largo del tiempo gracias a productos exclusivos, capitalizando la pasión de los coleccionistas y la búsqueda de rarezas y calidad. Se puede decir que estas ediciones de lujo asumen en parte la función que antes tenían las editoriales de libros de bolsillo en la larga cola de la vida comercial de un libro.
Las ediciones de lujo parecen pensadas también para lucirse en redes sociales, en las estanterías de casa o en los vídeos de los creadores de contenido. ¿Qué importancia tiene hoy la dimensión estética e identitaria del libro? En general, ¿qué papel juegan las redes sociales en las decisiones estratégicas de las editoriales?
Es innegable que las redes sociales (especialmente el universo BookTok) tienen un impacto enorme en este fenómeno de revitalización del catálogo, tanto en formato de bolsillo como en edición de lujo. Hay bastantes casos de títulos antiguos que han multiplicado sus ventas por 100 o por 500, logrando una segunda vía de ingresos gracias a un libro que se ha vuelto viral.

Un ejemplo internacional es el bum de Alas de sangre (Fourth Wing), el fenómeno de fantasía romántica de 2023 de la escritora estadounidense Rebecca Yarros y primer título de la saga Empíreo (Empyrean), publicado en Italia por Sperling & Kupfer. Su primera impresión incluía los cantos decorados con diversos motivos y, según varios analistas, fue el detonante de la moda actual.
El papel de las redes sociales se refleja también, desde otra perspectiva, en el caso de Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes (un éxito analizado en detalle en mi libro I meccanismi dell’editoria entre más de cien casos prácticos). Esta obra se diseñó a caballo entre las redes sociales y el crowdfunding, utilizando estrategias muy innovadoras de interacción digital.
¿Cree que las ediciones de lujo pueden despertar el mismo nivel de cariño entre los lectores que las colecciones de bolsillo más exitosas? Y desde el punto de vista económico, ¿pueden ofrecer a las editoriales los mismos márgenes de beneficio?
No creo que alcancemos la popularidad, la difusión y las ventas millonarias que supuso la revolución cultural del libro de bolsillo en el siglo XX. Sin embargo, es un fenómeno al que hay que prestar atención, también como tendencia social. En estos años veinte del siglo XXI asistimos a un cambio en los hábitos de lectura: es cada vez más ocasional y fragmentada, y se centra más en las novedades, los títulos relacionados con eventos y los libros recomendados por influencers. En este escenario, el formato de bolsillo clásico ligado al fondo de catálogo pierde su atractivo simbólico.
A cambio, llegan los libros de bolsillo prémium, con materiales de mayor calidad y un diseño gráfico muy cuidado. Eso sí, tienen un precio menos económico, lo que los hace competir más con el libro de tapa dura que con el libro electrónico. Es precisamente esta segunda vía (desarrollada, por ejemplo, en las colecciones Oscar) la que más acerca el mercado italiano y europeo a la lógica internacional de las ediciones de lujo o de coleccionista.
Si el libro de bolsillo ya no es tan barato y pagamos más a gusto por una edición de lujo más costosa, ¿significa que ha cambiado el valor que los lectores dan a los libros? ¿Quizá ha mejorado?
Sería muy bonito, pero no es exactamente así. Hace poco, Romano Montroni señaló con mucha razón que el verdadero enemigo de los bajos índices de lectura es «el descrédito social que han sufrido los libros en las últimas décadas». Es un problema que tiene que ver con los hábitos de consumo, pero también con las decisiones culturales de cada país y las inversiones de los gobiernos, que suelen ser demasiado limitadas o puntuales. Para cambiar de rumbo y devolver a la lectura ese aire de placer, naturalidad y necesidad, hay que volver a los oficios del libro. Es decir, a la pasión que se transmite al corregir las pruebas de un texto, al diseñar una portada, al redactar una nota de prensa o al vender un libro entre las estanterías: «si la tarea de la editorial es crear deseos con la publicación de libros, la del librero es hacer de la librería el lugar donde esos deseos cobran vida».
Y si el libro del futuro se diseña también en las comunidades digitales, debemos comprometernos con un nuevo humanismo digital. Conviene recordar la reflexión que se hacía a sí mismo Giangiacomo Feltrinelli en vísperas del 68: «un editor puede afrontar su labor partiendo de una hipótesis muy arriesgada: que todo, absolutamente todo, debe cambiar y cambiará».
No estamos ante un final, sino ante una transformación, un nuevo comienzo.
