El renacimiento del letterpress

El renacimiento del letterpress

Massimiliano Santolin Publicado el 5/27/2026

El renacimiento del letterpress

Anacrónico es una palabra que deriva del griego anachronikós, fruto de la suma del prefijo ana (“contra”), el sustantivo cronos (“tiempo”) y el sufijo ikos (“relativo a”), y que describe, por tanto, algo que no corresponde con la época a la que se hacer referencia. Aquí es donde debemos enmarcar a los protagonistas de esta historia, profesionales procedentes, en buena medida, del arte, el diseño y la ilustración que,  frente a la eclosión de lo digital, han decidido embarcarse en la aventura de recuperar técnicas artesanales de impresión como el letterpress.

Qué es el letterpress

El letterpress o impresión tipográfica consiste en entintar tipos móviles -letras y símbolos de plomo- que luego se presionan directamente sobre el papel, dejando una hendidura característica, y cuya profundidad depende de la fuerza que el impresor ejerza con la máquina.

La impresión con bloques de madera (xilografía) se empezó a desarrollar en China a partir del siglo II de nuestra era. Ya en el siglo XI ya se disponía de una imprenta de tipos móviles de arcilla, pero Johannes Gutenberg fue quien, en el siglo XV, introdujo una alineación de metal -plomo, estaño y antimonio- que ejercía una presión uniforme y rápida sobre el papel, permitiendo una producción a escala industrial y, con ello, la revolución de la cultura. Esta técnica permaneció vigente hasta que, a lo largo del siglo XX, fue relegada por otras más eficientes, como la impresión offset y la digital.

La imprenta inventada por Johannes Gutenberg (h. 1398-1468).
Museo Gutenberg, Maguncia. Licencia Creative Commons. Fuente
Biblia de Gutenberg, impresa por Johann Gutenberg, Maguncia, hacia 1455.
Sección de libros raros, Biblioteca Lenox. Licencia Creative Commons. Fuente

Sin embargo, en nuestro siglo ha resurgido con fuerza el letterpress de la mano de talleres especializados que han rescatado prensas antiguas para imprimir carácter a sus proyectos, desde tarjetas de visita a invitaciones de boda, calendarios, libros de autor o incluso portadas de discos y etiquetas de vino.

Movimiento efervescente en Barcelona

La ciudad de Barcelona ha dado un gran impulso a este movimiento, con iniciativas como las de L’Anacrònica, que empezó su actividad en una antigua fábrica de herramientas con una máquina Minerva de 1905, y en la actualidad combina el letterpress con técnicas como la estampación en seco, el troquelado o la serigrafía. En Letter Cotton, dos ingenieros industriales se dedican a crear proyectos gráficos diferenciados para marcas y empresas, mientras que BunkerType se enfoca a proyectos de tipo personal y artísticos.

Images of L’Acronica

Images of Letter Cotton:

Images of BunkerType:

Cuando Gerard Altaió nos abre las puertas de L’Automàtica, en el corazón del barrio barcelonés de Gracia, queda claro que no estamos ante una simple imprenta. El socio de esta asociación cultural autogestionada nos explica que la entidad nació en 2011 de la mano de un colectivo de diseñadores gráficos, artistas y creativos, prinicipalmente, con la intención de recuperar y mantener en funcionamiento la maquinaria de una antigua imprenta del barrio en peligro de desaparición, IFA Talleres Gráficos. Además, Ferran Fandos, el impresor, se convirtió en una especie de mentor para enseñar el oficio que llevaba ejerciendo en la empresa familiar desde los 15 años.

Y es que este es uno de los ejes sobre los que se vertebra la actividad de L’Automàtica, la pervivencia de técnicas tradicionales como el letterpress, que se transmiten de manera gremial, es decir, de persona a persona, empezando de cero. Los primeros trabajos que salieron de aquellas máquinas fueron proyectos de los propios socios, además de encargos comerciales puntuales como tarjetas personales, libros de autor o portadas de discos.

Ahora, sin embargo, una de las actividades más intensas de la entidad es, como nos comenta Gerard Alió, la divulgación en el campo de las artes gráficas a través de talleres. Por este local pasan casi a diario grupos de alumnos de escuelas, institutos e universidades, para mancharse las manos entre tintas y letras de plomo. Pero también están los talleres de introducción o profundización para todos los públicos, incluidos los niños, que pueden acercarse al mundo del fanzine a partir de los tres años, además de los talleres personalizados para empresas.

Por último, L’Automàtica organiza asiduamente conciertos, ciclos de cine experimental, ferias, encuentros con profesionales del sector y residencias artísticas.

La defensa del patrimonio

Si proyectos como L’Automàtica salen adelante es, en buena medida, gracias al esfuerzo personal de individuos que luchan por acercar la cultura a los barrios a pesar de las adversidades. Una de las más importantes es la especulación inmobiliaria, que ha obligado también a L’Anacrònica a cambiar de local por la imposibilidad de pagar el alquiler en una ciudad como Barcelona, ajena a que el oficio tradicional de impresor no solo es patrimonio material, sino también inmaterial de la humanidad.