Imágenes e imaginario en la psicología analítica de C. G. Jung

Imágenes e imaginario en la psicología analítica de C. G. Jung

Alessandro Bonaccorsi Publicado el 8/21/2026

Imágenes e imaginario en la psicología analítica de C. G. Jung

«La imagen es psique. La psique está formada esencialmente por imágenes».

Cada vez que oímos hablar de arquetipos o de imágenes que influyen en nuestra mente, estamos citando, incluso sin saberlo, el pensamiento y los estudios de Carl Gustav Jung (1875-1961). Este psiquiatra suizo y fundador de la psicología analítica fue, ante todo, uno de los más grandes pensadores del siglo XX.

C. G. Jung tenía una conexión muy fuerte con el poder de las imágenes (IA)

Jung dedicó gran parte de su investigación al estudio del inconsciente, los sueños, los símbolos y las imágenes interiores. Fue alumno y admirador de Sigmund Freud, hasta que sus caminos se separaron debido a desacuerdos que ambos consideraban irreconciliables.
A pesar de tener una formación médica y aplicar principios científicos, Jung también incluía en sus investigaciones todo aquello que se consideraba visionario o irracional dentro de la mente. Estaba convencido de que la psique humana piensa y actúa a través de figuras, mitos e imágenes espontáneas capaces de emerger en los sueños, la imaginación y la expresión artística.

Casa de C. G. Jung en Zúrich. Fuente: Shutterstock

En su estudio, además de libros, coleccionaba imágenes, iconos y grabados que, de algún modo, le transmitían algo. Buscaba en ellos esa esencia arquetípica que, según su hipótesis, constituía la base de cualquier relato mítico o religioso del ser humano, creando así un imaginario arquetípico compartido que se originó hace milenios.

Con el término arquetipo, Jung se refería a una especie de modelos universales e imágenes primordiales que residen en el inconsciente colectivo. Estos constituyen los cimientos de la psique humana, se transmiten de generación en generación y se manifiestan de forma instintiva en mitos, sueños, fábulas e historias.
Sin necesidad de profundizar en conceptos psicológicos complejos, podemos mencionar la definición de los 12 tipos de caracteres arquetípicos que identifican patrones de comportamiento comunes.

Loki, el dios embaucador de la mitología nórdica. Ilustración de un manuscrito islandés del siglo XVIII. Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Jungian_archetypes

El uso de las imágenes

A Jung le apasionaba el arte; es más, temía que se le considerase un artista. Por este motivo, mantuvo ocultas las obras que realizó (iconos, ilustraciones, caligrafías, pero también esculturas y pequeñas obras arquitectónicas) para que no afectaran a su reputación como científico respetado.
Nos situamos en una época en la que el arte y la ciencia no iban de la mano, sino que más bien chocaban: el arte mostraba cada vez más interés por lo irracional y la expresión del inconsciente, mientras que la ciencia se guiaba por el pensamiento lógico-matemático, volcada en resolver los grandes interrogantes de la humanidad.

Dentro de su práctica terapéutica, Jung proponía un procedimiento que denominó imaginación activa, en el cual las imágenes funcionaban como un detonador para generar respuestas (y soluciones) por parte del inconsciente del paciente. No tenemos espacio en este artículo para profundizar en este método, que es mucho más complejo de lo aquí expuesto, pero nos sirve para entender la confianza que Jung depositaba en las imágenes.
Estaba acostumbrado a observarlas, a contemplarlas durante largo tiempo y a examinar desde todos los ángulos posibles las respuestas que estas generaban y aportaban.
Para explicarlo mejor, las imágenes deben volverse algo más que vívidas para el observador: deben cobrar vida.

Ilustración realizada por C. G. Jung, extraída del libro «Il museo immaginario di Carl Gustav Jung» de Christian Gaillard (editorial Moretti e Vitali). Fotografía de una página del libro realizada por el autor del artículo.

Las imágenes no pertenecen únicamente al mundo de las artes, sino también al de los sueños, que en el caso de Jung a menudo se asemejan a visiones.
Y luego están las imágenes evocadas, especialmente por los mitos, que para el psicopatólogo suizo representaban pilares necesarios para que el ser humano comprendiera la realidad. Precisamente a partir del reconocimiento de ciertos patrones repetitivos en los mitos de todas las épocas es donde nace la idea de los arquetipos.

Una de las grandes innovaciones de Jung fue trabajar en la comprensión de los procesos mentales que se activan cuando nos encontramos frente a una imagen. Gracias a su infinita erudición y a la colaboración de Marie-Louise von Franz (cuyos libros sobre la interpretación de los cuentos de hadas se convertirían en un hito para el estudio de las narrativas arquetípicas), desarrollaría técnicas específicas para realizar ejercicios de imaginación: un auténtico método de conocimiento.
Este método adoptaría el nombre de imaginación activa (Aktive Imagination).

Ilustración de «Les Contes de Perrault» (Cuentos de Perrault), edición de 1862 ilustrada por Gustave Doré. Fuente: Wikipedia https://commons.wikimedia.org/wiki/Image:Dore_ridinghood.jpg

La imaginación activa

Veamos brevemente cómo funciona esta metodología según Jung, la cual, según advertía, requiere prudencia y precaución.

«Consiste en tratar una afección, una compulsión, un pensamiento obsesivo o un sueño con un tono emocional, confiriéndoles una forma o figura, o desarrollando su expresión inmediata para dramatizarlos mejor y dejarlos vivir» (Christian Gaillard, Il museo immaginario di Carl Gustav Jung).

En la práctica, las imágenes se generan y pueden transformarse en relatos, obras dramáticas o poemas, pero también —y sobre todo— en pinturas o dibujos.
Experimentar la creación de una imagen supone una fuerza muy distinta a la de la mera contemplación, ya que pone en marcha procesos inconscientes más profundos que también involucran al cuerpo.

El león devorando al sol, ilustración del «Rosarium philosophorum» (El rosario de los filósofos), tratado alquímico del siglo XVI, extraída del libro «Il museo immaginario di Carl Gustav Jung» de Christian Gaillard (editorial Moretti e Vitali). Fotografía de una página del libro realizada por el autor del artículo.

El museo de las imágenes

Tras repasar brevemente la relación que este gran pensador suizo mantuvo con las imágenes, y reconociendo cómo influyó en el estudio del arte y de los procesos creativos al introducir la psicología y el análisis de la imaginación en el discurso estético, podemos pasar a examinar lo que podría considerarse el verdadero museo de Jung. Es decir, las imágenes que le encantaban y que conservaba en su casa o en su estudio, a menudo en forma de reproducciones.

Página iluminada de la «Bible Moralisée» (Biblia moralizada), manuscrito francés del siglo XIII. Fuente: Wikipedia https://commons.wikimedia.org/wiki/File:BibleMoralisee.jpg

Su primer interés, debido en gran parte a la educación familiar que recibió durante su infancia, se centró en las imágenes religiosas vinculadas al cristianismo, tales como iconos o pinturas bizantinas.
Más tarde, sus intereses se ampliaron. Sin embargo, en lugar de volcarse hacia las revoluciones artísticas de su propia época —como el dadaísmo, que nació precisamente en Suiza—, se interesó por el arte religioso antiguo y, con una curiosidad cada vez mayor, por las ilustraciones de los viejos tratados de alquimia.
Veamos estos intereses en detalle.

Los mandalas tibetanos

Jung quedó profundamente impresionado por los mandalas budistas, unos diagramas que representan el cosmos y se utilizan como herramientas de meditación. En ellos reconoció una forma universal que aparecía de manera espontánea tanto en los sueños como en las creaciones imaginativas de sus pacientes. Los consideraba representaciones simbólicas de la totalidad psíquica, a la cual denominaba el sí mismo.

Mandala dedicado a Hevajra, deidad del budismo vajrayāna, pintura del siglo XVII, Rubin Museum of Art. Fuente: Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Hevajra

Varias reproducciones de mandalas orientales pasaron a formar parte de su colección personal y se incluyeron en sus publicaciones. Él mismo se dedicó a la creación de complejos mandalas, tal y como queda atestiguado en su célebre Libro rojo (Liber Novum).

El primer mandala realizado por C. G. Jung en 1916, extraído del libro «Il museo immaginario di Carl Gustav Jung» de Christian Gaillard (editorial Moretti e Vitali). Fotografía de una página del libro realizada por el autor del artículo.

Las ilustraciones alquímicas

Durante los últimos treinta años de su vida, Jung estudió intensamente la alquimia europea, acumulando una extraordinaria biblioteca de textos ilustrados de los siglos XVI y XVII, algunos de ellos muy raros. Le interesaban especialmente aquellas láminas que simbolizaban las famosas bodas alquímicas, es decir, la unión de los opuestos, donde dos figuras se funden en un único ser.

Ilustración del Hermafrodita, extraída de «Aurora Consurgens», texto alquímico del siglo XV atribuido a Tomás de Aquino. Esta imagen sería recuperada también por la discípula de Jung, Marie-Louise Von Franz, en uno de sus libros.
Fuente: Wikipedia. https://it.wikipedia.org/wiki/Aurora_consurgens

Al igual que con los mandalas, buscaba en las imágenes del pasado

anticipaciones a sus propias intuiciones sobre los procesos de transformación de la psique.
El Splendor Solis, un célebre libro del siglo XVI lleno de ricas ilustraciones, fue la obra alquímica que más profundamente le impactó.

Ilustración extraída del «Splendor Solis», texto alquímico del siglo XVI, uno de los más famosos por la riqueza y detalle de sus figuras.
Fuente: Wikipedia. https://it.wikipedia.org/wiki/Splendor_Solis#Collegamenti_esterni

Las imágenes gnósticas

Jung sentía una fuerte fascinación por el gnosticismo antiguo y sus representaciones simbólicas. El gnosticismo nació con el cristianismo primitivo y se basaba en la creencia de que la salvación se alcanzaba únicamente a través de un conocimiento místico y secreto (la gnosis) obtenido de forma individual. Más tarde, esta corriente fue prohibida por la Santa Inquisición.
A Jung le atraía especialmente la figura de Abraxas, una enigmática divinidad que aparece también en su Libro rojo. Para él, las reproducciones de los símbolos gnósticos, al igual que las de muchos místicos y místicas cristianas, constituían testimonios visuales de experiencias interiores universales.

Reproducción de un talismán de la antigua Grecia con la inscripción de Abraxas.
Fuente: Wikipedia. https://it.wikipedia.org/wiki/Abraxas

Las divinidades hinduistas y budistas

En su estudio no faltaban imágenes y esculturas procedentes de las tradiciones religiosas asiáticas. A Jung le fascinaban sobre todo las representaciones de las divinidades tántricas, que interpretaba como expresiones sumamente elaboradas de las dinámicas arquetípicas. No las consideraba meras curiosidades etnográficas, sino sofisticadas visualizaciones de la vida psíquica.

Hanumán, el dios mono hindú, en un dibujo expuesto en el Victoria & Albert Museum de Londres. La imagen está extraída del libro «Il museo immaginario di Carl Gustav Jung» de Christian Gaillard (editorial Moretti e Vitali). Fotografía de una página del libro realizada por el autor del artículo.

Las imágenes producidas por sus pacientes

Probablemente, la colección visual más importante y original de Jung era la compuesta por los dibujos y pinturas que sus propios pacientes realizaban durante las terapias. Conservó cientos de estas imágenes y las utilizó en sus escritos para demostrar cómo ciertas formas simbólicas emergían de manera espontánea en personas pertenecientes a contextos culturales totalmente distintos.

Página web del Instituto C. G. Jung de Zúrich dedicada a la colección del archivo de imágenes de los pacientes. Fuente: https://junginstitut.ch/en/About-Us/Picture-Archive

Jung, artista visionario

Tampoco se pueden olvidar las imágenes que el propio Jung creó de su puño y letra, a menudo sin mostrárselas a nadie. Su emblemático Libro rojo, una especie de diario ilustrado de su propio proceso de autoanálisis nacido en un momento de profunda crisis, contenía mandalas, ilustraciones pintadas con arquitecturas fantásticas y escenas cargadas de simbolismo.
Estas visiones no eran, a sus ojos, obras de arte destinadas al público, sino el resultado material de ese mismo proceso de imaginación activa que él fomentaba en sus pacientes.

Ilustración titulada «Filemón», perteneciente al «Libro rojo» de C. G. Jung.
La imagen está extraída del libro «Il museo immaginario di Carl Gustav Jung» de Christian Gaillard (editorial Moretti e Vitali). Fotografía de una página del libro realizada por el autor del artículo.

Conclusiones: imágenes como imaginario

Como hemos visto, el trabajo de Jung ha sido fundamental para el estudio de las imágenes durante los últimos cien años, tanto en su vertiente estética como en la psicoanalítica.
Todas las imágenes, ya fuesen refinadas obras de arte o piezas de divulgación más rudas (y tanto si eran creadas por un artista consagrado como por una persona bajo su tratamiento), representaban para Jung el surgimiento de impulsos y tensiones del inconsciente. Todas ellas, en su conjunto, daban forma a un imaginario a través del cual se manifestaba y actuaba la idea del inconsciente colectivo que él mismo codificó.

«La montaña de los adeptos», grabado del libro «Cabala, Spiegel Der Kunst Und Natur, In Alchymia» de 1615, e incluida por Jung en su obra «Psicología y alquimia»
Fuente: https://publicdomainreview.org/collection/cabala-spiegel/

La imagen es, en definitiva, una huella que deja la imaginación humana en su intento de representar aquello que no puede expresarse directamente con palabras.

En una época como la nuestra, marcada por la «sociedad de la imagen», donde la imaginación se utiliza constantemente para persuadir y entretener, Jung nos recuerda que las imágenes poseen una función mucho más noble y profunda, y que nos influyen aunque no seamos conscientes de ello. Pero, sobre todo, nos recuerda que cada uno de nosotros es capaz de generarlas, y que su verdadera misión es hacernos pensar y ayudarnos a conocernos mejor a nosotros mismos.