Maestros del cómic: Claire Bretécher

Maestros del cómic: Claire Bretécher

Candido Romano Publicado el 12/29/2025

Maestros del cómic: Claire Bretécher

El célebre semiólogo Roland Barthes la definió como la «mejor socióloga del año» en 1976. Claire Bretécher, en efecto, con sus trazos ágiles, casi garabateados, y sus diálogos inteligentes y satíricos logró capturar la hipocresía, las preocupaciones y la ansiedad, a veces absurda, de la burguesía intelectual francesa de la época posterior al 68.

Desmanteló las convenciones tradicionales del cómic, que, durante mucho tiempo, estuvo dominado por hombres. Se la considera una de las figuras fundamentales, junto a Marcel Gotlib y Nikita Mandryka, en la labor de llevar al cómic francés a temáticas más adultas, gracias a unos relatos implacables y lúcidos.

Su estilo abandonó el clásico virtuosismo de la línea clara franco-belga e introdujo un trazo centrado en los gestos, en los ritmos cómicos y en la postura de sus personajes desgarbados.

Claire Bretécher. Dibujando – – © Wikimedia commons –   https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Claire_Bret%C3%A9cher_en_1973_-_1.jpg

Tanto en Celulitis como en Los frustrados, pasando por la mirada adolescente de Agripina, la autora utilizó el humor para incorporar al cómic temáticas que rara vez llegaban a imprimirse por aquel entonces, como el sexo, la política, la maternidad o el psicoanálisis.

Infancia, influencias y primeras publicaciones

Claire Bretécher nació en Nantes en 1940 y se crió en una familia católica de clase media. Era hija de un abogado y de una ama de casa, y tuvo una infancia muy austera y tradicional. Su padre era violento, mientras que su madre la animaba a ser completamente independiente. Esa educación acabaría siendo una verdadera fuente de inspiración para sus obras.

Sus primeras referencias en el mundo del cómic provienen de los clásicos franco-belgas, como Tintín de Hergé y Spirou. Empezó a dibujar cómics desde pequeña, aunque lo dejaba a menudo porque entonces se consideraban un arte menor. Estudió en la Academia de Bellas Artes de Nantes y se mudó a París a principios de los años 60.

Página de Los frustrados– © Foto original

Sus primeros años en la capital fueron muy duros: trabajó como niñera y como profesora de dibujo en colegios, pero su verdadera aspiración era trabajar para los periódicos de la época. Su primera obra se publicó en Le Pèlerin Magazine y, más tarde, empezó a colaborar con Bayard Presse, donde se dedicó a dibujar para revistas juveniles.

La autora continuó dibujando, perfeccionando su estilo y tratando de encontrar un hueco en un mundo bastante cerrado: el de las grandes revistas semanales. La primera oportunidad le llegó gracias a su colaboración con René Goscinny, el coautor de Astérix, en el periódico humorístico L’Os à Moelle. Ella se encargaba de dibujar y Goscinny escribía la historia de Facteur Rhésus, una tira cómica protagonizada por un cartero.

Publicaciones en revistas: entre Spirou y Pilote

En el año 1967 se produjo un punto de inflexión: la autora se incorporó al equipo de dibujantes de la revista Spirou, donde publicó la historia de una pequeña banda de niños, Les Gnangnan, que estaba inspirada en Peanuts de Charles M. Schulz.

Panel de Les Gnangnan (1970) – © Dupuis – https://www.lambiek.net/artists/b/bretecher.htm

Tras su colaboración con la revista Tintín y después de crear otras obras como la tira Les Naufragés, que destacaba por su humor cínico, la autora se incorporó a la revista Pilote, donde empezó a publicar cómics mucho más maduros.

El primero de ellos fue Celulitis, que se publicó entre 1969 y 1977, y que estaba ambientado en la Edad Media. En una época dominada por las heroínas perfectas y seductoras como Barbarella, Bretécher nos presentó a una protagonista que se llamaba Celulitis y a la que convirtió en la primera antiheroína del cómic franco-belga. Celulitis es una joven torpe, acomplejada, que no encaja en los cánones clásicos de belleza y que vive en una Edad Media llena de mentiras: está harta de esperar a su príncipe azul, así que decide salir a buscarlo por su cuenta, aunque es una misión que siempre acaba fracasando.

Página de Celulitis – © Dargaud – https://www.lambiek.net/artists/b/bretecher.htm

Con Celulitis, la autora llevó a cabo una auténtica deconstrucción del cuento clásico, en el que la protagonista no busca definirse a través de la aprobación masculina. La serie es muy divertida, pero está cargada de un humor bastante amargo y, a veces, cruel.

La carrera de la autora continuó en Pilote, pero, a finales de los años 60, empezó a sentir la necesidad de hacer cómics que abordasen temas más adultos como la política, el sexo o la sociedad, algo que veía limitado por la línea editorial de Goscinny.

El nacimiento de L’Écho des Savanes y la prensa de izquierda

A principios de la década de los 70, algunos de los autores de Pilote se rebelaron contra la línea editorial de Goscinny. Claire Bretécher, junto a sus compañeros y amigos Marcel Gotlib y Nikita Mandryka, siguieron trabajando en Pilote hasta 1977, pero, al mismo tiempo, crearon una nueva revista independiente: L’Écho des Savanes.

Primer número de L’Écho des Savanes – © Editions du Fromage –   https://premiersnumeros.fr/accueil/6992-l-echo-des-savanes.html

El título de la revista («El eco de las sabanas») parodia a las revistas coloniales y de aventuras. Los autores se encargaban de todo: la producción, la impresión y la distribución. Esta publicación seguía la estela de toda una serie de revistas autoeditadas de la época como Fluide Glacial, Métal Hurlant y Psikopat, que buscaban dar a los autores una libertad artística mucho mayor en contraste con la línea editorial más conservadora de las revistas consolidadas en el mercado.

Con un estilo que combinaba unas viñetas extravagantes y un humor surrealista, la revista trató asuntos como las dinámicas de pareja, el aborto y los anticonceptivos. Sin embargo, Claire Bretécher era más socióloga que anarquista y su ambición era ser independiente: quería publicar en la prensa nacional, la generalista, que llegaba a manos de miles de personas.

Los fundadores de L’Écho des Savanes. Viñeta de Gotlib – © Wikimedia commons – Source

Tras una primera colaboración con la revista Le Sauvage en 1973, debutó en la sección de Sociedad de la revista de izquierdas Le Nouvel Observateur. Es aquí donde publicó Les Frustrés (Los frustrados), desde 1973 hasta 1981. Era una obra en la que expuso con una sutil y dolorosa ironía a todos los hombres y mujeres acomodados de la burguesía francesa, con toda su hipocresía y preocupaciones innecesarias.

Los frustrados la obra maestra de Claire Bretécher

Los frustrados se publicó por primera vez el 15 de octubre de 1973 en las páginas de Le Nouvel Observateur. Era una revista semanal que publicaba historias independientes sin personajes recurrentes.

La autora, en cambio, presentaba auténticos arquetipos: madres, amas de casa, mujeres profesionales, feministas o estudiantes, así como todos sus problemas cotidianos, desde la soledad hasta la desesperación o la ansiedad. Los «frustrados» del título eran los parisinos burgueses, progresistas e intelectuales, que participaron en la revolución de mayo del 68 (o decían haber participado) y que debían enfrentarse a las contradicciones de su vida cotidiana. Se sienten frustrados con la política, con el sexo, con sus parejas, con sus hijos (que fueron educados con valores «modernos» que acaban siendo un desastre) y, sobretodo, con ellos mismos.

Dos página de Los frustrados– © Foto original

En estas historias, los hombres estaban presentes, pero, a menudo, aparecían como personajes secundarios. El resto de personajes permanecían casi siempre estáticos, sentados en un sofá, atrapados en una cena aburrida, y con muchos tics y preocupaciones.

En esta etapa, el estilo y el trazo de Bretécher se volvieron muy esenciales y minimalistas. La mayoría de las páginas constaban de un fondo blanco o oscuro, y los únicos elementos recurrentes eran las paredes, las mesas o los sofás, ya que el centro de la atención siempre era el diálogo. El trazo era ágil, nervioso, casi tosco, pero ideal para narrar episodios y anécdotas divertidas, melancólicas, provocadoras y, a veces, embarazosas. La autora organizaba los paneles con el mismo número de viñetas, que solían ser cuadradas.

Página de Los frustrados– © Foto original

Con tan solo unos pocos trazos, estas viñetas reflejaban a la perfección el esnobismo irreverente y la decadencia de la sociedad. Eran como un espejo en el que los intelectuales franceses se vieron obligados a mirarse.

Los frustrados se convirtió en todo un éxito que transcendió las fronteras del cómic, transformándose en un verdadero fenómeno cultural, con adaptaciones teatrales, traducciones a varios idiomas y dibujos animados.

Obras posteriores: desde Madres a Agripina

La autora se casó en 1977, sin tener hijos. En 1980, publicó su controvertida biografía de Santa Teresa de Ávila, La Vie Passionnée de Thérèse d’Avila, que fue muy criticada por los lectores católicos porque la autora se atrevió a insinuar que el éxtasis religioso de la santa podría deberse a ataques de epilepsia.

Página de La vie passionnée de Thérèse d’Avila– © Dargaud – https://www.amazon.it/vie-passionn%C3%A9e-Th%C3%A9r%C3%A8se-dAvila/dp/2505000549

En 1982, publicó Les Mères (Madres), una obra íntegramente centrada en la maternidad. Según el texto original, la elección de este tema podría haber estado condicionada por el hecho de no haber tenido hijos en su matrimonio de entonces. Sin embargo, al año siguiente, en 1983, conoció a su nueva pareja, con la que tuvo un hijo, por lo que en 1984 publicó Le Destin de Monique, dedicado a las mujeres embarazadas.

Portada de Les Mères – © Dargaud – https://www.amazon.it/m%C3%A8res-Claire-Bret%C3%A9cher/dp/2505000530

A partir de 1988, la obra de la autora se concentró en Agripina, donde se adentró en el mundo de las jóvenes adolescentes. Narra la historia de la típica joven de la burguesía parisina, con sus pequeños dilemas existenciales de estudios, amores y amistades.

Página de Agripina – © Dargaud – https://www.amazon.it/Agrippine-1-Claire-Bret%C3%A9cher/dp/2505003823

Muchos han relacionado la obra de Claire Bretécher al movimento feminista, aunque la autora nunca se ha definido como tal. A menudo apoyó causas progresistas a favor de las mujeres y contra todo tipo de racismo, pero nunca declaró pertenecer a un grupo específico.

A pesar de trabajar en un mundo mayoritariamente masculino, siempre aseguró no haber sido víctima de ningún episodio de misoginia ni de ningún tipo de acoso laboral.

El legado de Claire Bretécher

La autora falleció en 2020 y dejó un legado que va más allá del mundo del cómic. Demostró que el noveno arte puede ser una herramienta de análisis social tan poderosa como un ensayo o una película.

Su estilo de dibujo se ha convertido en referencia para quienes buscan comunicar con sencillez, además de haber liberado al cómic francés de ese virtuosismo técnico sin propósito. Fue una auténtica pionera en un mundo dominado por hombres y utilizó el humor como un medio para exponer la hipocresía de cierto sector social.

Panel de Claire Bretécher- © Dargaud – https://www.facebook.com/YogaKamalaAudrey/posts/en-ce-1er-avril-le-yoga-vu-par-claire-bretecher/1162617265656756/

Claire Bretécher no solo allanó el camino a otras autoras, sino que sus obras provocaron un gran impacto cultural, transformando el cómic en un medio de crítica social lleno de fina ironía.